GAZA- Ha pasado un año desde que un acuerdo de alto el fuego negociado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y aliados árabes prometió poner fin a la guerra en Gaza, pero Israel sigue lanza ataques mortales sobre el devastado territorio.
El acuerdo frenó las principales operaciones militares, liberó a todos los rehenes que seguían en el sitiado enclave palestino y aumentó el acceso a la ayuda humanitaria. Pero no ha cumplido las promesas de una nueva administración palestina respaldada por fuerzas internacionales, el desarme de Hamás y el fin del control israelí sobre más de la mitad del territorio. Casi nada se ha reconstruido.
Israel ha condicionado cualquier avance en las demás cuestiones al desarme total de Hamás, mientras que el grupo insurgente, y la Casa Blanca, sostienen que deberían ocurrir de forma simultánea. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, endureció su postura durante el verano, desafiando abiertamente a Trump, su aliado más importante, antes de las elecciones generales que se celebrarán a final de mes en el país.