Damas y caballeros del jurado, les tengo una noticia que, de tan vieja, ya no es novedad. Tengo años publicándola y hoy la voy a repetir; por lo demás, usted la conoce e incluso, tal vez, la ha padecido en el trajinar cotidiano: la evolución, la civilización como tal, está a un tris de desaparecer. Ya no hay evolución: entramos de lleno a la involución. Y como ya es muy tarde para arreglar la mente de los niños y adolescentes descerebrados, esto ya se jodió.

Soy pesimista, lo sé, pero este pesimismo me ha llevado a cuadrar diversos puzles, los cuales usted ha hecho suyos y, para mi desgracia, se han cumplido (y se siguen confirmando) al pie de la letra. Usted ha adoptado algunas frases machaconas de su servidor: “Este ya no es mi mundo”, “la evolución ya terminó, ha iniciado la involución del ser humano: regresar a la brutalidad de la selva y del más fuerte”, “los celulares son inteligentes; los humanos dejaron de serlo”, “vale más la vida de un pinche perro tieso, salvar a un arbolito seco u ofrecer millones de pesos de recompensa por un gato revolcado, que la vida de un ser humano”.