El gobierno de Donald Trump advirtió ayer que Canadá sería "insensato" si creyera que puede ganar una guerra comercial contra Estados Unidos y pronosticó un desenlace "devastador" para la economía de su vecino del norte.
Las conversaciones entre ambos gobiernos se rompieron el viernes por la noche, tras casi un mes de negociaciones.
50 por ciento de arancel entró en vigor al día siguiente sobre cientos de productos canadienses.
20 mil millones de dólares en exportaciones quedaron alcanzados por la medida, equivalentes a 5.5 por ciento de las ventas de Canadá a su principal socio.
"Somos grandes socios comerciales, ¿verdad? Pero Canadá se beneficia mucho más del comercio con Estados Unidos de lo que Estados Unidos se beneficia del comercio con Canadá", declaró el secretario de Transporte, Sean Duffy, en el programa Fox News Sunday.
"Pensar que van a ganar esa guerra me parece insensato de su parte". El funcionario anticipó que el primer ministro Mark Carney volverá a la mesa "muy, muy pronto, porque va a ser devastador para su país".
DÓLAR POR DÓLARCarney había abandonado lo que calificó como un "mal acuerdo". "Pidieron demasiado y ofrecieron muy poco", dijo.
El sábado anunció represalias equivalentes, dirigidas sobre todo al acero y los lácteos estadounidenses, que entrarán en vigor el 8 de septiembre.
"Uno está en guerra cuando es atacado. Nosotros fuimos atacados", afirmó. Trump replicó ayer por la mañana en Truth Social: "¡Canadá quiere los beneficios de ser un estado de la Unión, sin serlo!".
El presidente acusó además a Ottawa de cobrar "enormes aranceles" a los agricultores estadounidenses durante años.
70 por ciento de las exportaciones canadienses tienen como destino Estados Unidos.
Esa proporción explica la confianza de Washington y también la urgencia con que Carney, desde marzo de 2025, busca compradores fuera del continente.
DE CONTRACHAPADO A PELUCASLas listas oficiales revelan un mapa industrial poco conocido. 36 tipos de contrachapado figuran entre los bienes gravados; los constructores de vivienda estadounidenses advierten que no existe producción nacional suficiente para sustituirlo.
También aparecen bebidas alcohólicas (represalia por las restricciones que ocho de las diez provincias canadienses aplican a los licores estadounidenses), lácteos, ropa y textiles.
Junto a ellos conviven partidas insólitas: banderas nacionales, adornos navideños que no sean de vidrio ni de madera, palos de hockey, correas y bozales para perros, boyas marinas, cajas fuertes, estatuillas de metal común y pelucas parciales de fibra sintética.
Basta que la mercancía salga de Canadá para que se active el cobro, sin importar dónde se fabricó. Del lado canadiense, el ánimo es de resistencia.
"Tenemos a un matón en Washington. No vamos a tolerarlo; Canadá no lo hará. Contraatacaremos", dijo Stuart Edwards, profesor jubilado, en Fort Erie, Ontario, junto al Puente de la Paz.