Ha pasado un mes desde que se produjo el último cruce masivo de personas a la ciudad autónoma de Ceuta. A lo largo de estas semanas, lo que constituye un incuestionable desafío humanitario y político se ha convertido —por las acciones y omisiones de una respuesta en la que casi nadie sale bien parado— en una grave crisis de consecuencias imprevisibles. La tensión en Ceuta se ha hecho insoportable y comienza a derivar en peligrosos abusos y enfrentamientos.
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