MIAMI- La nueva era de la exploración espacial ha desatado un ritmo récord de lanzamientos en Estados Unidos, pero también una huella ambiental sin precedentes que ya deja secuelas en el planeta y en la Luna, mientras la NASA y la industria privada tratan de mitigarla.
El impacto de la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX en la superficie lunar el pasado 5 de agosto es el ejemplo más claro de que las misiones espaciales deben tener en cuenta qué ocurrirá con sus desechos una vez completadas.