A los 14 años, Germán de la Rosa Cabrera recibió un diagnóstico de cáncer que cambió su vida: osteosarcoma en la rodilla. Tres décadas después, aquel adolescente que enfrentó año y medio de quimioterapias se convirtió en atleta de la comunidad LGBT+, ingeniero en audio, conferencista, actor, modelo y activista por los derechos de las personas con discapacidad. Este domingo 30 de agosto corre el Maratón CDMX 2026, su sexta prueba de larga distancia.
“Soy una persona sobreviviente de cáncer, con una amputación que corre por los niños con cáncer, para que se motiven, esa es la misión de vida que tengo”, afirma en entrevista con El Financiero.
Para Germán, también embajador de la cadena de gimnasios Sport City, cada competencia representa algo más que una meta deportiva. Su presencia en la pista busca que los niños que enfrentan un diagnóstico puedan verse reflejados en alguien que ya atravesó una experiencia similar y que hoy vive con plenitud.
En México se registran entre cinco mil y siete mil casos nuevos de cáncer infantil en menores de 18 años cada año y cerca del 70 por ciento se detecta en una etapa avanzada, de acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC).
Pero detrás de cada cifra hay una historia de vida. Antes de convertirse en corredor, Germán se describe como una persona introvertida y poco relacionada con el deporte. En su infancia practicaba natación, pero el deporte de alto rendimiento llegó mucho tiempo después.
‘La amputación de mi pierna fue la mejor decisión’: Germán de la RosaTras sobrevivir al cáncer, Germán sostuvo una lucha ortopédica con tres prótesis internas de acero, cromo, cobalto y titanio por 10 años. Estos materiales no crecían con él, lo que provocaba atrofia, osteoporosis y dolor. En 2006, a los 24 años, Germán tomó una decisión definitiva, “la amputación para liberarme y obviamente empezar una vida más independiente. Fue la mejor decisión que he tomado, pues me abrió las puertas a muchas cosas”, recuerda.
Dos años después, en 2008, la Fundación Aquí Nadie se Rinde, que apoya a niños con cáncer, lo invitó a participar en una carrera para visibilizar esta causa. Aunque en ese momento tenía temor de ir a su máxima velocidad por las características de su prótesis, la experiencia lo marcó: compartió la pista con infancias que enfrentaban el diagnóstico y comprendió que su presencia podía representar algo más que una participación deportiva.
“Se movieron muchas fibras. Me gusta (correr) no por la popularidad, sino por el impacto que puedo lograr. Desde entonces no he parado. Ya tengo 18 años corriendo: he participado en carreras desde 5 km, medios maratones, maratones, competencias de natación, aguas abiertas, carreras campo traviesa y carreras de obstáculos aparte de escalada en muro”, afirma.
También ha practicado CrossFit, natación competitiva, llevó la antorcha de los Juegos Panamericanos de Guadalajara y se convirtió en el primer mexicano con una amputación en correr la Spartan Race en México.
“Han sido muchos años de demostrarme de lo que soy capaz y motivar a otras personas para que aprovechen su cuerpo”, comparte.
La ayuda de Sport City, una cadena mexicana de clubes deportivos y gimnasios de nivel premium, ha sido parte fundamental de su entrenamiento.
“(Se trata de) sacarle provecho al cuerpo, demostrar que los límites solamente están en la cabeza”, dice sobre lo que más disfruta del deporte.
Visibilizar a las personas con discapacidad , la otra carrera de Germán de la Rosa
Desde su participación como representante de Aquí Nadie Se Rinde, Germán impulsa acciones dirigidas a personas con discapacidad y familias que enfrentan situaciones de vulnerabilidad.
Uno de sus principales reclamos es que la discapacidad no sea utilizada como motivo para limitar las oportunidades laborales en México.
“Ser una persona con discapacidad no nos quita profesionalismo, no nos quita la oportunidad de desarrollarnos en un mundo laboral”, sostiene.
También cuestiona que algunas empresas contraten a personas con discapacidad únicamente para cumplir con una cuota, pero después las mantengan alejadas de las actividades sustantivas.
“A una persona con discapacidad... dale chamba, no le des chamba detrás de una pared o un escritorio. Dale la oportunidad de que pueda explorar sus conocimientos porque tenemos esa capacidad”, expresa.
Para Germán, la inclusión tampoco puede reducirse a construir infraestructura que solo cumpla con una apariencia de accesibilidad. Rampas con pendientes inadecuadas o elevadores que no funcionan, considera, muestran la distancia entre el discurso y las condiciones reales que enfrentan las personas con discapacidad en México.
Desde la Fundación también se promueven talleres de autoempleo, como repostería y estilismo, dirigidos a familias de escasos recursos que requieren ingresos para cubrir gastos relacionados con traslados, hospedaje o medicamentos durante tratamientos médicos.
La vida de Germán es un recordatorio de que el diagnóstico no es destino, y que el cuerpo, con todas sus transformaciones, es un vehículo capaz de hazañas extraordinarias.
“Sobrevivir al cáncer me enseñó muchas cosas como para valorar mucho lo que es la vida, aprovechar y no dejar las cosas para después. Ahora sí que a vivir”, concluye German de la Rosa.