Una veintena de testimonios recopilados de manera directa por elDiario.es, a los que se suma un centenar de casos detectados por organizaciones sobre el terreno, describen un patrón común por parte de determinados grupos de soldados españoles (especialmente por parte de regulares y legionarios) que actúan con violencia contra los marroquíes llegados a finales de julio a Ceuta, incluidos menores de edad

Una patrulla de militares hostiga durante dos horas a voluntarias de una ONG y obstaculiza el reparto de comida a migrantes

Patrullas de militares recorren Ceuta en busca de migrantes a los que agreden y roban dinero y teléfonos móviles, según una veintena testimonios de migrantes que denuncian a elDiario.es haber sido víctimas de estas actuaciones. Los relatos recopilados de manera directa por este medio, a los que se suma un centenar de casos detectados por organizaciones sobre el terreno, describen un patrón común por parte de determinados grupos de soldados españoles (especialmente por parte de regulares y legionarios) que actúan con violencia contra los marroquíes llegados a finales de julio, incluidos menores de edad. También denuncian prácticas humillantes, como obligar a raparse el pelo ante la amenaza de devolverles a Marruecos o golpearles en caso de negarse a hacer cualquier cosa que se les ordena con la finalidad de denigrarlos, según los denunciantes. 

Una de las agresiones denunciadas ocurrió la madrugada del viernes 11 de septiembre. elDiario.es recibió el aviso de una redada de dos patrullas de militares españoles en la barriada de Los Rosales. Un equipo de activistas del colectivo Brigadas de Apoyo Mutuo acababa de llegar a la zona para documentar lo ocurrido. Allí, una decena de legionarios estaba desplegada en distintos puntos de un vecindario. Varios uniformados estaban concentrados junto a una casa en ruinas, donde malvivían desde hacía semanas un grupo de migrantes marroquíes. Al percibir la presencia de voluntarios y periodistas, los soldados comenzaron abandonar ese punto, donde tres migrantes heridos pedían auxilio, y se trasladaron al otro extremo del vecindario, donde otros seis soldados trataban de esconderse de las cámaras. 

Un grupo de militares se traslada desde el lugar donde los migrantes denuncian que ocurrió la paliza. Algunos no llevan el gorro que identifica a sus unidades, pero uno de ellos sí lleva el chapiri tradicional de los legionarios.

En ese mismo momento, tres hombres ceutíes se cubrieron el rostro y, colocados delante de los militares que evacuaban la zona, empezaron a lanzar latas y piedras a los activistas y periodistas que observaban los hechos. Los soldados no recriminaron en ningún momento ni trataron de frenar el intento de agresión de los vecinos encapuchados, sino que aprovecharon ese mismo instante para reagruparse y apartarse. En ese momento, un hombre con una gran brecha en la cabeza y la cara ensangrentada, descendió de lo alto del vecindario, mientras uno de los soldados se dirigía al vehículo militar. “¿Quién te ha hecho eso?”, le preguntó Ibrahim Benavides, vecino y líder comunitario de la barriada de El Príncipe, delante del uniformado. “Los militares”, dijo el hombre, casi sin poder mantenerse en pie, señalando a uno de los soldados, que se metió en el vehículo oficial, recogió a otros compañeros y arrancó. 

Cuando los militares se retiraron del barrio, un migrante tras otro empiezan a aparecer entre los rincones donde se habían escondido. “Estos militares nos han golpeado y humillado. Nos han quitado los teléfonos y todo lo que teníamos. No han dejado a nadie sin golpear”, dice Adam, uno de los chavales que presenciaron los hechos y, tras recibir un golpe con la defensa de los militares, logró escapar. A su alrededor, una decena de migrantes quieren contar lo sucedido.“Como puedes ver, han abusado de nosotros. Uno de los chicos más golpeados es menor de edad. Se han ensañado con nosotros de la forma más cruel”, añade mientras ese mismo adolescente que menciona, también llamado Adam, toca su labio ensangrentado. Tres jóvenes tuvieron que ser trasladados al hospital al presentar lesiones y heridas de consideración, tras ser recogidos por una ambulancia. 

Los migrantes con heridas más visibles -otros sufrieron contusiones leves en manos, brazos y pies que no requirieron traslado al centro sanitario- presentaban contusiones en la cabeza, rostro y/o costillas, todas lesiones compatibles con los golpes de las defensas. Especialmente la de Omar (nombre ficticio). De su brecha alargada de unos cuatro centímetros de largo brotaba la sangre que manchaba su cara, cuello y manos. “¿Por qué nos hacen esto? ¿Esto es legal en España?”, se preguntaba el hombre, desconcertado, quien a medida que pasaban los minutos empezó a sentirse mareado y desorientado. A Adam, de 17 años, además de sus labios inflamados y cubiertos de sangre se agarraba la cabeza, que presentaban marcas de un golpe reciente. “Me duele mucho la cabeza. Soy menor. Nos ha dado mucho miedo, estábamos atrapados y se reían de nosotros mientras nos golpeaban”, denunciaba con los ojos enrojecidos, minutos antes de subir en la ambulancia. 

Uno de los hombres marroquíes que denuncian haber sufrido una paliza por un grupo de militares, entre los que se encontraban legionarios, durante una redada cuando dormían en una casa en ruinas en Ceuta.

El lugar exacto de los hechos denunciados, a donde nos acompañó el grupo de migrantes que denuncia la agresión, era la salida de los restos de una casa en ruinas donde pernoctaban los chavales para evitar este tipo de actuaciones, de las que todos los migrantes hablan con miedo en Ceuta. Para acceder al lugar es necesario tumbarse por un estrecho hueco, que da paso a un habitáculo lleno de cascotes, basura y olor a orina. Los migrantes hacían turnos para dormir, no ahí, sino en otra zona por la que también había que acceder a rastras.

“Los militares no se metieron aquí. Desde fuera nos dijo uno en árabe que saliésemos. Que si salíamos nosotros no iban a hacernos nada, que solo querían cachearnos. Pero en cuanto salió el primero, agachado, le dieron en la cabeza cuando estaba aún de rodillas. Fue con el que más se ensañaron”, explica el chico que logró correr aterrado hasta esconderse en la casa de un vecino ceutí. 

Justo en ese punto, el suelo del edificio estaba manchado de sangre, tal y como pudo comprobar elDiario.es. También había varios móviles con la pantalla rota tirados en el suelo. “Nos rompieron los móviles a algunos. A otros nos lo robaron”, denuncia Adam, quien denuncia el robo por parte de militares de 180 euros. “Es un dinero que me dio mi madre para aguantar aquí. Se lo había quitado ella de su comida y su medicina para ayudarme y salir adelante”, añade el chaval, también de 17 años. 

Parte médico menciona golpes de militares

El 8 de septiembre, en torno a las 18:30 horas de la tarde, Hassan (hombre ficticio) descansaba bajo la sombra de su chabola en uno de los asentamientos de migrantes de la ciudad (que no detallamos por riesgo a que pueda ser identificado). elDiario.es había estado hablando con él sobre la situación del campamento, en los alrededores de su tienda, apenas una hora y media antes de que “cinco militares” irrumpieran en el interior de la colorida tienda. Su abrupta entrada le despertó, asegura.

“Entraron a mi cabaña, donde duermo cada noche, y me dijeron: ‘¿Quién eres?’. Le dije: Soy un hombre normal. Me preguntaron dónde vivía y por qué hablaba español. Uno de ellos cogió la porra y me dio en la cara”, detalla a elDiario.es, apenas tres horas después de la supuesta actuación de los militares, a las puertas del Hospital de Ceuta.

Parte médico de Hassan (nombre fictio) emitido por el Hospital de Ceuta donde recoge que refiere haber sido golpeado por militares en Ceuta.

Le cuesta hablar. El lado izquierdo de su rostro está inflamado por un golpe con la defensa que, además de la contusión, le ha roto una muela. Su ojo derecho comenzaba a hincharse entonces y se acabaría de amoratar al día siguiente, cuando este medio volvió a reunirse con él tras su salida del centro sanitario. El informe médico, al que ha accedido elDiario.es, describe sus lesiones y parte de los hechos denunciados: “Paciente que acude refiriendo haber sido agredido por militares con una porra en la cara (región facial izquierda), así como en la pierna derecha y codo derecho”, incluye el documento. 

elDiario.es acompañó a Hassan al hospital y tomó fotografías de todas las lesiones apenas tres horas después de los hechos, así como un vídeo en el que él mismo denuncia los hechos. Sin embargo, este medio se ha comprometido con el denunciante a no publicarlas mientras se encuentre en la ciudad autónoma, ante su miedo a posibles represalias. El marroquí asegura que los militares querían expulsarle ilegalmente a Marruecos tras la supuesta paliza, pero él escapó. “Me metí corriendo en el mar y, con el agua a la cintura, caminé hasta salir por otro lado y huir”, dice. Sus zapatillas aún estaban mojadas cuando nos encontramos con él tras la agresión. 

El hombre no ha regresado al asentamiento donde permanecía desde las primeras semanas tras la entrada masiva. “Me da miedo que vuelvan a por mí. No puedo acercarme allí”, explica Hassan, quien lleva una semana compatibilizando las noches en las calles de algunos barrios ceutíes con algunas noches en habitaciones alquiladas gracias al envío de dinero de un familiar. Esta semana, elDiario.es volvió a recibir una llamada suya desde el hospital: “Me ha dado un ataque de pánico. Pasé la noche en la calle y hubo varias redadas de militares cerca de mí. Lo he pasado fatal”. El parte médico, de nuevo, confirma su testimonio. 

Desde la entrada de migrantes a Ceuta, cuando más de 70.000 personas llegaron a una ciudad de 20 kilómetros cuadrados y 80.000 habitantes, el Gobierno movilizó al Ejército para apoyar las labores de la Guardia Civil y la Policía Nacional en el enclave español. Su presencia es visible en cualquier punto de la ciudad, y algunas patrullas permanecen durante horas fijas en zonas donde realizan una función disuasoria al acceso de migrantes, como en la entrada al centro de la ciudad. Las Fuerzas Armadas no poseen las funciones policiales, de seguridad ciudadana ni de orden público que corresponden a los cuerpos civiles como la Policía o la Guardia Civil, por lo que las actuaciones denunciadas sobrepasarían las que son permitidas por ley.

Fuentes del Gobierno aseguran a elDiario.es que “no les consta ninguna denuncia” y condenan “cualquier tipo de violencia”. “Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado trabajan en Ceuta para preservar la convivencia. No cabe duda de que se investigará cualquier agresión que se haya podido cometer”, señalan las mismas fuentes.

El Partido Popular ha aprobado en el Senado este martes una iniciativa para instar al Gobierno de España a “otorgar temporalmente la condición de agentes de la autoridad a los militares desplegados en Ceuta” con el objetivo de “reforzar así su capacidad de actuación y su protección jurídica ante la situación que continúa viviendo la ciudad”.

Humillaciones

Más allá de violencia, los migrantes entrevistados por elDiario.es hablan también de prácticas humillantes y denigrantes. El mismo día de la agresión denunciada por Hassan, tres furgones militares irrumpieron en las naves del Tarajal alrededor de las 18 horas. Sus chapiris y la insignia de sus vehículos confirmaban que eran legionarios. Más de una decena de soldados se desplegaron a lo largo del polígono y comenzaron a cachear a algunos de los migrantes acampados allí. “Estamos buscando a gente con cortes y tatuajes”, dijo un uniformado a elDiario.es, que se acercó rápido a explicar al ver a una periodista en la zona. Una fuente policial explica que las primeras redadas se centraron en un inicio en buscar a personas tatuadas y con heridas cicatrizadas, pues Marruecos envió en un inicio un listado a las fuerzas de seguridad españolas en las que daba información con personas de estas características, que aparentemente serían ciudadanos marroquíes condenados en su país.

Dos chavales jóvenes ceutíes señalaban algunos lugares del asentamiento, en lo que parecía una actuación coordinada con estos. Más allá de la retirada de la camiseta a algunos migrantes o el registro de sus enseres personales, los militares que estaban a la vista de esta periodista parecían comportarse de una manera amigable con algunos chavales, especialmente con los niños.  Sin embargo, minutos después de su retirada de la zona, varios chavales comenzaron a salir con la cabeza rapada de un punto de las naves más escondido. Algunos se tocaban la cabeza con desconcierto, otros estaban cabizbajos sin entender nada.

Un joven marroquí muestra las lesiones que, asegura, fueron provocadas por militares que lo retuvieron ilegalmente al bosque próximo al CETI donde dneuncia que le dieron una paliza con las porras.

Abdul (nombre ficticio) era de los segundos y su cabeza no estaba rapada, estaba trasquilada. Encogido, se tocaba la mitad del cuero cabelludo que mantenía su pelo largo, que muchos marroquíes acostumbran a cuidar con esmero. “Han venido los militares y le han dicho al barbero que, o me rapaba, o le echaban a Marruecos. Le ha ordenado que me haga esto”, dice Youssef (nombre ficticio), con el rostro desencajado, a punto de llorar. “¿Por qué hacen eso? ¿Hay alguna razón o solo es divertirse? Quiero justicia”, añadió el chico muy afectado. Poco después, un compañero le peló para igualar el destrozo. Otros dos de los chicos (que este medio había visto con pelo largo antes de la llegada de los militares y se los encontró rapados tras su salida) aseguraron haber sido pelados de manera forzada ante la amenaza de ser expulsados. “O eso o 'fuera, fuera'”, resumían algunos de ellos. 

En otro punto de Ceuta, en los alrededores del asentamiento del Trampolín, elDiario.es habló con otros dos jóvenes marroquíes que aseguraban haber sido retenidos por militares y, después de ser “rociados con gas pimienta”, ser retenidos en otro punto de la ciudad y obligados a cortar parte de su cabello. “Me engrilletaron, me pegaron con la porra. Llevaban unas tijeras y me cortaron a trozos. Me sentí muy mal”, explica el chico veinteañero, quien días después pudo pedir a uno de los barberos marroquíes repartidos por distintos asentamientos que arreglase su corte de pelo. Uno de esos peluqueros asegura que esta semana fue detenido por militares tras negarse a rapar el cabello de dos amigos menores de edad.

Denuncias de palizas en el bosque

“Me dijeron que les rapase. Los chicos empezaron a llorar, a pedir que no lo hiciese y me negué. Me cogieron, me metieron en su furgón y me llevaron cerca del CETI, en el bosque. Allí me dieron con la porra en todas partes”, decía el joven. La actitud vacilona de días anteriores había desaparecido. “¿Cómo pueden hacernos esto?”.