Cuando los romanos se lanzaron a conquistar el Mediterráneo trajeron consigo algo que acabaría siendo tan nuestro que cuesta imaginarlo como foráneo: el gato. Los felinos llegaron desde África, probablemente enroscados en algún recoveco de las naves, para mantener a raya las ratas a bordo, y con el paso de los siglos terminaron entrando también en nuestras casas. Dos mil años después, otra criatura ha realizado una singladura semejante, esta vez como polizón en el agua de lastre de los barcos o adherida a los cascos, y con consecuencias devastadoras. La protagonista no es otra que la Rugulopteryx okamurae, más conocida como alga asiática, una especie originaria del Pacífico que se detectó por primera vez en Ceuta en 2015 y que en poco más de una década ha proliferado hasta convertirse en un quebradero de cabeza en el litoral andaluz.
María Altamirano fue la primera en identificar el arribazón en la zona del Estrecho de Gibraltar. Bióloga e investigadora de la Universidad de Málaga, esta experta asegura que se trata de “la especie de alga invasora más virulenta” que ha llegado a nuestro país y la que ha causado un “mayor impacto socioeconómico”. De ahí que no se hagan demasiadas ilusiones sobre la posibilidad de erradicarla. “No hay dinero en el mundo ni conocimiento suficiente” para acabar con ella, advierte. Aun así, está convencida de que “un día se irá”. Hasta entonces, la única forma de contenerla pasa por entender cómo vive, cómo se reproduce y qué condiciones le permiten avanzar. Porque aquí ha encontrado un terreno propicio, creciendo con rapidez en detrimento de los organismos autóctonos que encuentra a su paso.
Un alga asiática ha tomado El Estrecho y todo ha sido culpa de la burocracia
Fran M. Galbarro. CádizLa Rugulopteryx okamurae coloniza las costas del Campo de Gibraltar, parte de Málaga y amenaza a todo el Mediterráneo. Hay iniciativas para recogerla y comercializarla, pero no permisosPara quienes viven del mar, este avance viene siendo sinónimo de ruina. Las redes salen cargadas de algas en lugar de peces. Se enredan en las artes de pesca y las malogran, dificultan las faenas y reducen el rendimiento al extremo. La Rugulopteryx okamurae afecta en mayor o menor medida a todas las provincias costeras andaluzas, aunque es Cádiz la que se lleva la palma. Las flotas pesqueras rara vez aportan datos concretos de la repercusión económica, pero sí comparten la caída de las capturas. En Conil, por ejemplo, cayeron un 48,8 % entre 2015 y 2024, pasando de 711.829 a 364.632 kilos. Se trata de una tendencia sostenida que se aprecia en otros tantos caladeros. En puntos del litoral malagueño, como Estepona, los pescadores han estimado pérdidas de casi el 100% en las capturas con trasmallo y del 50 % con arrastre cuando se han producido grandes llegadas.
El resultado es una combinación de menos pescado, más tiempo de faena y mayores costes que está poniendo contra las cuerdas a las cofradías. La Federación Nacional de Pesca Artesanal (FENAPA) sostiene que la expansión de este organismo invasor está provocando una merma progresiva de la flota por la creciente inviabilidad económica, con solo 610 embarcaciones artesanales activas. La organización ya ha anunciado que acudirá a los tribunales contra la Junta de Andalucía y los Ministerios de Pesca y Transición Ecológica ante la falta de medidas compensatorias tras una década de pérdidas.
Pero los problemas no se circunscriben a la actividad pesquera. Las corrientes empujan el alga hasta la orilla, donde acaba formando grandes montones de esta especie típica de las costas japonesas, chinas y filipinas. Allí, bajo el sol, se descompone y desprende un olor agrio a la par que intenso que ahuyenta a los visitantes. El alcalde de Cádiz, Bruno García, reclamó en julio la ayuda de otras administraciones en un vídeo grabado a pie de excavadora ante lo que calificó de “un problemón”, después de superar las 500 toneladas retiradas de las playas de la ciudad solo en lo que iba de verano.
El paisaje cambia por completo en destinos como Tarifa, la llamada capital del viento, donde arenales que se llenan de tablas y cometas amanecen cada día cubiertos por una tupida alfombra de algas asiáticas. El año pasado se retiraron de allí alrededor de 12.000 toneladas, y esta temporada alta han seguido arribando de forma masiva a enclaves tan cotizados como la playa de Valdevaqueros, Bolonia y Los Lances.
El alga asiática que arrasa Cádiz se extiende por Galicia: "Está aquí para quedarse"
Pablo López. VigoInvestigadores y buceadores detectan la llegada de la ‘R. okamurae’ al Parque Nacional de las Islas Cíes y su expansión por toda la costa. Las consecuencias están aún por concretarse, pero ya se notan en la flora autóctona
La situación lleva consigo una losa económica que no para de aumentar. El regidor de la localidad tarifeña, José Antonio Santos, habla sin ambages de una “crisis nacional” —ya causa estragos en Galicia o Cantabria— y reclama al Gobierno “medidas concretas” para gestionar un mal que enrarece “toda la oferta turística de la costa”. Ante esto, la Diputación gaditana ha vuelto a abrir el grifo de la liquidez este año, con 605.000 euros destinados a nueve localidades muy afectadas. La inversión en el último lustro asciende ya hasta los 1,8 millones. El coste, en cualquier caso, no termina en las orillas. Bajo el agua se encuentra la tercera parte del problema, mucho más difícil de solventar. En Granada, el alga asiática ha barrido las praderas de posidonia, “mermando de forma drástica el valor ecológico” de unas comunidades esenciales como refugio, zona de alimentación y lugar de reproducción para los peces.
Escolleras y puertos, principales focosAltamirano advierte de que “faltan recursos económicos y conocimiento” para afrontar una restauración completa y señala que, cuando la invasión se produjo, “nuestras comunidades ya estaban muy sensibles”. Erradicarla, reconoce esta experta, es “muy difícil”. Aunque aprecia un margen para contener su avance. “No toda la costa está infectada”. Los nuevos focos, según explica, van apareciendo sobre todo en escolleras y puertos, lo que apunta a barcos y a la actividad pesquera como posibles vectores de dispersión. Por eso reclama controlar las aguas de lastre y extremar las precauciones en actividades como la pesca y el buceo, para evitar así que siga saltando de una zona a otra.
Una lucha que también se libra en el terreno de la investigación. La Junta cuenta con un plan de gestión que busca dar una segunda vida a la biomasa retirada, con líneas de trabajo centradas en su uso como fertilizante, bioestimulante agrícola y materia para compostaje. En abril de 2026, la administración andaluza declaró la llegada masiva de esta especie como situación de fuerza mayor y extrema necesidad, eximiendo a los ayuntamientos del impuesto por depositar estos residuos en vertedero. Las medidas se suman a la aprobación del Gobierno central en 2022 de una estrategia nacional con medidas de prevención, seguimiento y control. Y en las universidades ya se busca darle la vuelta al problema para emplearla como pienso para peces o superalimento. Pero mientras las soluciones llegan, el alga sigue avanzando sin ningún control en las costas españolas.