¿Qué hay más señorial, más solemne, más inspirador en una estancia que un gran tapiz? El arte en gran formato, el expresionismo americano de varios metros de altura y longitud aporta una solera moderna a cualquier habitáculo, y habría que ver de qué manera. Pero en lo que estaremos de acuerdo es en que una alfombra kilométrica manteando un pasillo —¿quién tuviera un pasillo kilométrico?—, o una colgadura preciosista, representando una batalla donde los hilos rojos de los filos de las cimitarras se dirían goteando sangre, son la carta de presentación del poderío. De la majestuosidad boquiabierta, y de la expresión aristocrática mejor digerible; por lo de ser bella y eso.

¿Acaso dudan de mí? De ser así, no tienen más que descolgarse por el suntuoso Banco de España, donde a partir del 28 de septiembre hasta el 27 de marzo de 2027, podrán disfrutar de la exposición El plano flexible. En esta muestra, la institución ha desempolvado algunas raras avis de su colección, todas ellas relacionadas con el textil, demostrando que los tejidos son mucho más que elementos decorativos. O galones nobiliarios para lucir ante las visitas.

Transitada la deslumbrante entrada del edificio, con esa marmolada escalera de columnas exentas por la que cuesta no ver desfilar a una ilustre y emperifollada dama —algo tipo los ‘Bridgerton’, tirando por lo hortera— alcanza uno la sala de exposiciones del Banco de España. Tras más de tres años de investigación y recuperación, la espera ha merecido la pena. Tres imponentes colgaduras de los siglos XVII y XVIII, así como dos alfombras del XIX y el XX visten el primer vistazo, haciéndolo a uno sentir pequeño.

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Resulta inquietante el detalle dedicado a cada una de las obras, en especial a los tapices, así como el buen estado de conservación de las grandes alfombras, sobre todo si hablamos de la enorme pieza isabelina tejida en la Real Fábrica de Tapices en 1861. Las flores de lis sobre el fondo azulado brillan con una fuerza ambarina que no corresponde a su edad, dando como resultado unas innegables ganas de tumbarse sobre ella. A cuanta menos ropa, mejor.

Sala de la exposición ´El Plano flexible` en el Banco de España.

La comisaria de la exposición, Yolanda Romero, ha explicado esta mañana cómo: «Los textiles han estado asociados a la producción del Banco porque, desde sus orígenes en el siglo XVIII, se adquirieron primero para vestir los espacios de representación. Era un elemento unido a las representaciones del poder, pero también permitía mejorar el espacio circundante», mejoras que no tienen únicamente que ver con el sentido de la vista. «Fue un elemento muy utilizado en el banco para mejorar las condiciones interiores de sus espacios», como prosigue Romero, «en especial la acústica».

Vestir la arquitectura

Sé que a ustedes, como a mí, nos cuesta pensar en un espacio habitable que tenga problemas de acústica, si no es la impertinente televisión del vecino a todo volumen de madrugada. Pero lo cierto es que estancias como las del Banco de España, con techos altos para titanes amamantados con Petit-Suisse, padecen una acústica enfermiza y reventona. El sonido rebota descontrolado por las salas formando un eco; una especie de ruido blanco torpedeado por cualquier pisada o estornudo, convertido en una obra poco inspirada de John Cage. En estas que el textil, más que ningún otro elemento, sirve de sedoso escudo para que las paredes dejen de ser un frontón de squash y amortigüen el sonido, haciéndolo caer como pelotas de tenis.

Esta particularidad da al tapiz una nueva dimensión dentro del mundo del arte, no conformándose con la expresión estética, el valor social, histórico o pecuniario, sino también con la arquitectura en su faceta más práctica. Algo que ya apuntó una de las figuras más importantes del universo artístico textil, Anni Albers, argamasa argumental de buena parte de la muestra. «La hemos tomado como referencia, porque nos daba un sentido muy presente respecto a un ensayo que publicó en 1957», destaca la comisaria de la exposición. «En él, hablaba de la capacidad del textil como un elemento capaz de articular y transformar la arquitectura, de generar una experiencia corporal en quien lo contempla, y de su capacidad para absorber el sonido. Esta sala, que suele tener una acústica bastante mala, por primera vez ha evitado las reverberaciones gracias a estos elementos».

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Las palabras de Yolanda Romero son del todo comprobables. La beldad de los tejidos expuestos, con escenas que van desde la épica monumentalidad de La batalla de Cimón (atenienses vs. persas), con diseño belga de Augustin Coppens y Víctor Janssens, creado entre 1729 y 1745, hasta Susana acusada de adulterio, que si bien podría ser un homenaje a Leonard Cohen, más bien se trata de un tapiz de entre 1751 y 1781 producido por la Manufacture royale des Gobelins, en París, inspirado en el texto bíblico de Daniel, 13. Como señala al respecto Ramos: «Este tapiz presenta un tema que podría estar muy de actualidad: la historia de Susana acusada de adulterio. Para muchas personas, comunidades y mujeres hoy en día, viene a significar ese momento en el que una mujer es menos creída que la autoridad masculina frente a una situación de abuso.

Esta pieza está inspirada en la pintura de Antoine Coypel, de 1696, que puede verse en el Museo del Prado, donde la mirada de los personajes subraya una fuerza realmente increíble». Y, confiesa este cronista, no menos increíble es carearse con su versión textil, que, a pesar de lo inquietante de la escena, bien podría coronar un salón para las copichuelas vespertinas. Pienso en un Kir Royale o en un Dry Martini, como mínimo.

Obra de Manuel Chavajay expuesta en el Banco de España. (Imagen cedida)

"En 1935, el banco adquirió una serie de seis tapices de la colección Teniers que representan los meses del año para mejorar la acústica de uno de sus salones", prosigue Ramos al referirse al último de los tres tapices, en este caso de la serie Los meses, según diseño de David Teniers III, de 1679, y creado en Bruselas. "El arquitecto Juan de Zavala, dentro de la remodelación del salón de juntas —que tenía una acústica malísima debido a techos de casi 14 metros de altura—, sometió todo ese espacio a una reforma y adquirió estos tapices para absorber el sonido. Es una funcionalidad de los elementos textiles que se inauguró en el siglo XVIII por el Banco de San Carlos y que continuamos hasta el día de hoy con obras contemporáneas".

Actualización textil, la aguja como lápiz

Actualizarse o morir, como reza el dicho. El Banco de España no se ha conformado en esta exposición de El plano flexible con sacar a la luz las telas ilustres; las piezas clásicas del arcón. De ahí que, tanto a izquierda como a derecha de la estancia principal de la sala de exposiciones, haya a disposición del espectador muestras de obras artísticas actuales basadas en el textil. «La exposición se estructura en varios capítulos», subraya la comisaria. «Desde las instituciones del Banco queremos que exista ese juego entre obras de la colección clásica y la colección contemporánea. De manera que, tras el capítulo central, se ha organizado la colección contemporánea en distintas secciones para dar un recorrido completo».

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Desde obras que recuerdan a versiones actualizadas, más conceptuales, desde luego, que las antes descritas, hasta muestras de videoarte, el textil mantiene su hilo conductor —nunca mejor dicho— en la expresión presente. De hecho, cabe reverenciar, no tanto originales como reveladoras, obras tal que la de Carole Frances Lung, titulada: Frau Fiber vs. the Circular Knitting Machine (2015). En ella, una fornida Carole con gafas de experimento de laboratorio colegial, teje un calcetín sin descanso, ni siquiera para la micción, durante cuatro horas, frente a su competidor, una máquina que produce en el mismo tiempo 99 calcetas. ¿Es el handmade, lejos de reivindicaciones luditas, algo, ya no deseable, sino lógico, en vista de los resultados? ¿Qué es lo que vale en la moda?

Claro, algunas de las obras de la muestra parecen hacer gala de un torpor incapacitante, propio de las distorsiones de alguien ligero de mano con los espirituosos, pero en las lides del arte posmoderno, ¿qué hay que no pueda justificarse? Por si fuera poco, esto no son garabatos a vuelapluma formando figuras preescolares. La tela es un material arduo de abordar y, al menos, y a diferencia de buena parte de la propuesta pictórica desde que Duchamp accionó la horca del arte, exige unas condiciones técnicas ilustradas.

´Fiesta de la trashumancia 2020` junto a un texto que explica la obra. (Imagen cedida)

La soltura y la ligereza también son parte del presente, quizás más que en el pasado, donde el ideal quedaba reducido a la máxima, y más detallada, representación de la realidad. De tal guisa, resulta muy sugerente y atractiva la obra de la artista Dora García, Manos que dan, manos que reciben (seis tapices para el Salón de Cobradores del Banco de España) (2025). La propuesta de García consiste en fondos de colores pastel sobre los que una gran mano sostiene una moneda, casi a modo de estigma cristiano, para reflexionar sobre el círculo de intercambio que impide, como decía Derrida, la percepción de un don sin caer en el ciclo del reembolso y la deuda.

Sea como fuere, la propuesta del Banco de España destaca por su originalidad temática, y la fuerza de un arte, el textil, que no se contenta con la implicación estética o el diálogo narrativo, sino que también llega a implicaciones arquitectónicas que, una vez identificadas, son difíciles de obviar. Y, lo dicho, si no me creen, vayan y vean, lancen pequeños grititos a las faldas de los tapices y las alfombras; comprobarán que no miento. Eso, si no los echan antes, claro, que no deja de ser una exposición.