La derecha se apresura a utilizar a Felipe VI y un viaje a Ceuta que ahora es imposible para volver a acusar a Sánchez de atacar a la monarquía y lo hace como una forma de calentar el ambiente de cara a las concentraciones del miércoles

El Gobierno aprueba un plan de choque de 309 millones para responder a la crisis humanitaria en Ceuta

Ante la duda, agita la bandera. Y si puedes reclutar al rey para la causa, mucho mejor. En el ambiente patriótico-festivo que la derecha quiere promover como solución a todos los problemas de Ceuta, era cuestión de tiempo que intentara utilizar a Felipe VI como arma contra Pedro Sánchez. Ya ocurrió lo mismo con la visita de ambos a Valencia después de la dana. El primero es la encarnación de las virtudes de un ser humano. El segundo está poseído por el mal.

Concentrado en encontrar una solución a la presencia de miles de extranjeros en Ceuta que no vulnere la ley y que sea aceptada por las autoridades marroquíes, al Gobierno no le interesa cualquier hecho que pueda hacer descarrilar todo el proceso. Aunque no lo diga en voz alta, una visita de Felipe VI a la ciudad en estos momentos podría poner en peligro todo el proceso. Marruecos lo consideraría poco menos que una provocación. Para la oposición, un acontecimiento que perjudique por igual a Sánchez y a Mohamed VI es una fantástica oportunidad.

Una respuesta algo confusa de Sánchez en la entrevista del lunes a una pregunta sobre un hipotético viaje del monarca a Ceuta dio paso a la rueda de declaraciones habituales. “El rey lleva reinando más de veinte años (en realidad, son doce). ¿Cuántas veces ha ido el rey a Ceuta y a Melilla?”. Larga pausa. “No ha ido ninguna vez. Con administraciones del PSOE y del Partido Popular”. Fue hace 20 años cuando Juan Carlos I visitó las dos ciudades, la única vez que lo hizo, lo que provocó fuertes protestas del Gobierno marroquí.

Sánchez también comentó que “hay argumentos y razones suficientes para que el jefe del Estado visite por fin Ceuta y Melilla”. Ningún presidente del Gobierno se atrevería a prohibir al rey aparecer en esas dos ciudades españolas y que se supiera, aunque debería tener mucho cuidado a la hora de elegir el momento. Unos días de exaltación nacional pueden suponer un precio muy alto para los intereses de Ceuta en estos momentos, cuando la prioridad debería ser resolver la crisis actual. Además, la agenda de viajes del rey tampoco debe poner en riesgo la política exterior de España y es al Gobierno a quien le compete dirigirla.

“Nos negamos a convertir las instituciones más relevantes de España en motivo de confrontación política y manoseo partidista”, dijo el lunes Borja Sémper sobre lo que podría hacer el rey. Al día siguiente, llegó el “manoseo” por boca de Miguel Tellado, que siempre está más cerca de lo que se podría llamar la posición oficial del PP: “Sánchez está con Mohamed VI y no con Felipe VI”. En la misma línea estuvo Ester Muñoz: “Sus intereses no son los de España”.

Son el tipo de mensajes con los que el PP ha promovido la asistencia a las concentraciones del miércoles ante los ayuntamientos con el fin de reafirmar la españolidad de Ceuta y –esto es más importante para el PP– de colocar al Gobierno en el campo de los traidores a la patria.

Las palabras del presidente fueron definidas por la prensa conservadora como un ataque a la monarquía. Es otro de los argumentos habituales con los que se deslegitima al Gobierno. “Sánchez utilizó a Felipe VI como comodín para desviar el debate sobre su falta de acierto ante una crisis que este fin de semana cumplió un mes”, dijo un editorial de ABC. En realidad, estaba respondiendo a la pregunta del periodista y, como es habitual en los políticos, reservó una parte de la respuesta a presumir de algo que había hecho (visitar cuatro veces esa ciudad).

El 1 de agosto, la Casa Real difundió un mensaje de Felipe VI en el que expresó su “gran preocupación e indignación” por los sucesos de Ceuta. “El Estado debe velar por su seguridad (de los habitantes de Ceuta) y por evitar que estos hechos, que además, se han traducido en una triste y trágica pérdida de decenas de vidas, vuelvan a repetirse”, decía el texto. Pocos días después, recibió en Mallorca al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, en lo que era una iniciativa de Zarzuela. Había un reproche implícito al Gobierno por no haber sabido evitar que ocurriera ese ataque a la integridad nacional. Por otro lado, el Gobierno sabe que la protección de las fronteras forma parte de sus responsabilidades.

Al igual que con su discurso del 3 de octubre de 2017 después del referéndum del procés, Felipe VI no esperó a recibir instrucciones del Gobierno para dejar claro su punto de vista sobre hechos de gravedad.

Frente a lo que suele argumentar el PP y algunos columnistas, al Gobierno de Sánchez no le interesa chocar en público con Zarzuela y mucho menos en una crisis como la actual. Por eso, no es extraño que la ministra portavoz tuviera instrucciones de borrar cualquier apariencia de discrepancia. Elma Saiz dijo que no había “ningún reproche” al monarca en las declaraciones de Sánchez y que solo había constatado una realidad sobre las visitas anteriores de los dos reyes a Ceuta, una sola en veinte años en 2007.

La gran polémica quedó así bastante aguada y ni las insistentes preguntas de los periodistas iban a poder revivirla. No será un gran problema para los medios de comunicación que están convencidos de que Sánchez está ejecutando un pérfido plan para acabar con la monarquía, la democracia y todas las cosas bonitas de la vida.