Cuando Esther Borrego Gutiérrez estudiaba Literatura en los años ochenta, solo se hablaba de una mujer vinculada al Siglo de Oro. Era Teresa de Jesús. Y ni siquiera, recuerda, se explicaba demasiado qué significaba que aquella voz fuese femenina. “Se la trataba como si fuera un hombre, sin ningún tipo de contexto de su vida ni de su condición de mujer, que era realmente lo que determinaba su obra”, explica Borrego, catedrática de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid, y que reúne en la Casa Museo Lope de Vega a escritoras, dramaturgas, novelistas, religiosas, actrices y mujeres vinculadas a las cortes de los siglos XVI y XVII.Algunas alcanzaron un éxito enorme y otras escribieron obras que han permanecido invisibles durante siglos —aunque ahora están siendo más reivindicadas—, pero, la mayoría aún necesitan una operación de rescate, donde visualizarlas y ponerlas en valor. “Yo he entendido siempre mi labor como profesora y como investigadora como un deber de justicia: reivindicar la obra de mujeres intelectuales”, continúa explicando Borrego, dedicada desde 1998 a la docencia universitaria, con importantes trabajos de investigación como ‘Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro’.La estupenda muestra ‘Mujeres de ingenio. Plumas de oro en el Siglo de las Letras’, abierta hasta el 13 de septiembre, comisariada por Borrego, da una nueva vitalidad y vigencia a la palabra ingenio, cuyo significado en la época iba más allá de la inteligencia. “Era inteligencia, por supuesto, pero también una inteligencia natural, una capacidad para salir adelante, para resolver situaciones”, explica la curadora. “De ahí que el recorrido no se limite estrictamente a las escritoras e incorpore también actrices, directoras de compañías y promotoras de cultura”.
Espacio de la exposición en la Casa Museo Lope de Vega. (Abraham Rivera)Retratos, primeras ediciones, cartas, manuscritos y objetos prestados por la Biblioteca Nacional, el Museo del Prado, el Lázaro Galdiano, Patrimonio Nacional y diferentes monasterios articulan un trabajo excepcional, que sorprende por el detalle de cada objeto seleccionado, y que está dividido en tres espacios que, de algún modo, condicionaron las posibilidades de aquellas mujeres: la corte, la casa y el claustro. Apenas unas decenas de obras escritas por mujeres llegaron a imprimirse en su propia época; una gran parte quedó manuscrita, conservada en conventos y, como apunta la propia Borrego, en “los lugares más insólitos”.
La investigación, por supuesto, no comienza aquí. Borrego insiste en no apropiarse de un trabajo académico que lleva décadas desarrollándose. BIESES, la Bibliografía de Escritoras Españolas, creada en 2004 y encabezada por Nieves Baranda Leturio y posteriormente también por María Martos Pérez, ha reunido más de 11.000 referencias primarias y secundarias sobre escritoras españolas desde la Edad Media hasta el 1800. Lo que Borrego echaba en falta era el salto fuera de la universidad. “Esa reivindicación académica a veces cuesta mucho que pase al público medio. Por eso he querido hacer una exposición muy divulgativa, que llegue al ciudadano de a pie, que no sea un tocho universitario”, cuenta de este trabajo, que también dispone de un completo catálogo de más de 200 páginas donde se detalla el momento e interés de estas pioneras.
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Marina VelascoEste municipio revivirá uno de los episodios más singulares de su historia con la recreación de la boda de Felipe IV y Mariana de Austria, celebrada en 1649Mujeres que aconsejaban a reyesEs la corte y los entornos nobiliarios, el lugar donde era más sencillo acceder a una educación, los que van marcando el inicio de la muestra. Isabel la Católica —reina de Castilla entre 1474 y 1504— se va a rodear de mujeres cultas como Beatriz Galindo, Lucía de Medrano o Francisca de Nebrija, además de promover la imprenta y la lectura. “Y hay que añadir a Isabel de Valois, Margarita de Austria, Mariana de Austria o Isabel Clara Eugenia, que participaron de distintas maneras en la promoción de la literatura y el teatro, con los conventos convertidos en centros culturales”, apunta Borrego mientras destaca la figura de Luisa Sigea, la Toledana, humanista que pasó buena parte de su vida en Portugal y escribía en latín. En su imprescindible ‘Duarum virginum colloquium’ —'Coloquio de dos doncellas sobre la vida en la corte y la vida retirada', de 1552— defendía que la educación femenina incluyese materias como el latín y la filosofía, que el intelecto no era patrimonio masculino y que una mujer podía estar preparada para gobernar. “Llegado el momento, puede gobernar igual que un hombre”, cuenta Borrego que escribía.“Todavía más sorprendente resulta Oliva Sabuco”, dice. Su 'Nueva filosofía de la naturaleza del hombre', publicada en 1587 y dedicada a Felipe II, trataba la peste y defendía el ejercicio, una alimentación saludable y planteamientos que Borrego aproxima, salvando las distancias, a lo que hoy llamaríamos “psicología positiva”. Su autoría continúa siendo objeto de discusión desde que a comienzos del siglo XX apareció el testamento de su padre, Miguel de Sabuco, atribuyéndose la obra. “No existe una conclusión definitiva. Sí sabemos que la autora que figuraba en el libro fue suficientemente reconocida como para que Lope de Vega la llamara ‘Musa Décima’”, apunta la investigadora, que también comenta cómo el magnífico ‘Retrato de joven desconocida’, atribuido a Alonso Sánchez Coello y prestado por el Prado, ha sido identificado en algunos contextos como un posible perfil suyo, aunque Borrego es extremadamente cauta: “No se ha confirmado ni se ha desmentido”.
Muestra de una comedia escrita por Ana Caro. (Abraham Rivera)A todas ellas también debemos sumar a María de Guevara, condesa de Escalante, a la que Borrego define como una mujer “audaz y crítica”, algo parecido, utilizando una categoría contemporánea, a una analista política y social de su tiempo. En ‘Desengaños de la corte y mujeres valerosas’, escrito en 1664, “criticó el despilfarro, la hipocresía de la nobleza y el trato de los hombres hacia las mujeres”. Lo hizo bajo un seudónimo de fantasía: “Un autor moderno, poca experiencia y grande celo”. Y escribió cosas como estas: “Señores casados, estimad a vuestras mujeres, pues os las dio Dios por compañeras”. La comisaria pone el acento en ese ‘compañeras’, “un término que parece muy moderno”. Más revelador es otro extracto dedicado a Dido y Lucrecia, las legendarias figuras femeninas de la mitología romana, marcadas por el mismo destino trágico: “Ellas fueron grandísimas majaderas, que mejor fuera matarlos a ellos que no matarse ellas”.
Otra de las mujeres que mejor definen esa independencia es Luisa de Carvajal y Mendoza. “Rechazó el matrimonio, reunió a su alrededor a otras mujeres, escribió poesía y alrededor de 180 cartas conservadas entre sus etapas española e inglesa”, señala Borrego, que también comenta cómo en 1605 se marchó a Londres “con intención de sufrir martirio”. Aprendió inglés, visitó a católicos encarcelados, atacó públicamente el cisma anglicano y fue detenida. “El arzobispo de Canterbury estaba harto de ella porque no paraba de hacer cosas, de escribir, de hablar”, comenta Borrego. Murió allí en 1614 y su cuerpo fue trasladado un año después al Real Monasterio de la Encarnación. Su sensacional epistolario documenta de primera mano las guerras de religión inglesas. La profesora estadounidense Anne J. Cruz le dedicó en 2014 uno de sus más completos estudios, ‘The Life and Writings of Luisa de Carvajal y Mendoza’.
Plebeyas, teatro y una mujer llamada María de ZayasFuera de la aristocracia, el número de mujeres que participaron de una u otra forma en esta revolución cultural del Siglo de Oro, según se va documentando, resulta más amplio, a pesar de la dificultad de acceder a una buena educación. El catálogo calcula que el analfabetismo femenino rondaba el 90%, aunque la imprenta y, especialmente, la lectura en voz alta ampliaron enormemente el público de novelas y obras teatrales.
“El teatro está copado por Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón, pero mucha gente se olvida de que hubo dramaturgas maravillosas”, explica Borrego. Una de ellas fue Ana Caro Mallén, de origen morisco y adoptada por una familia granadina, cuyas obras han regresado en los últimos años a los escenarios de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Otra, la portuguesa Ángela de Azevedo, escribió comedias de enorme dureza en las que aparecen mujeres alejadas de la fragilidad y volubilidad que se les atribuía, “capaces de denunciar la violencia y de reclamar su derecho a elegir entre el matrimonio, la religión u otras formas de vida”. La muestra incorpora además a Feliciana Enríquez de Guzmán y a las actrices y directoras de compañías, conocidas entonces como “autoras de comedias”, que fueron decisivas para la difusión del teatro áureo.
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Diego R. SeguraTrece pueblos de la comarca se convierten durante este verano en salas de exposición temporales. De Goya a Velázquez, pasando por Tiziano, quince obras del Prado se mimetizan 'En un lugar que renace'Sin embargo, pocas figuras permiten entender mejor aquel mundo que María de Zayas. Sus ‘Novelas amorosas y ejemplares’, de 1637, fueron seguidas diez años después por ‘Desengaños amorosos’. Ambas tuvieron un éxito relevante y acabaron publicándose juntas en 1659. Lope la llamó “insigne poetisa”. “Son novelas en las que las mujeres teorizan sobre la mujer”, detalla Borrego. “Zayas escribió sobre violencia, educación, sometimiento y capacidad intelectual femenina con una contundencia insólita”. La escritora madrileña, nacida en 1590, se preguntaba: “¿Por qué, vanos legisladores del mundo, atáis nuestras manos para la venganza, imposibilitando nuestras fuerzas con vuestras falsas opiniones, pues nos negáis letras y armas?”.
El claustroDurante siglos, el convento fue también uno de los pocos lugares en los que una mujer podía leer, escribir y disponer de cierto margen de autonomía intelectual. Mucho antes de Teresa de Jesús habían existido Teresa de Cartagena, María de Santo Domingo o Juana de la Cruz. “Parece que Teresa de Jesús sale de la nada y no”, advierte Borrego de la religiosa abulense, que terminó convirtiéndose en referencia para muchas de las que llegaron después. “Es el paradigma en el que todas se miran. Su obra casi completa pudo publicarse en Salamanca en 1588 gracias a Ana de Jesús, que entregó los manuscritos a fray Luis de León”. Teresa de Jesús va a ser la primera escritora española reconocida dentro de un canon construido durante siglos por hombres.
Sala de la exposición sobre las mujeres en el Siglo de Oro. (Abraham Rivera)A partir de ella se establecen multitud de conexiones y de relaciones de afinidad con otras escritoras. Sor Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega y de la actriz Micaela de Luján, escribirá poesía, teatro, coloquios y la vida de otra trinitaria. De sus cuatro manuscritos solo sobrevivió uno; los otros tres fueron quemados, “una práctica habitual dentro de los conventos”.
Su discípula, sor Francisca de Santa Teresa, continuó aquella tradición. Entre las carmelitas aparece María de San José, a quien Borrego señala como la primera autora de diálogo humanístico en lengua castellana en España; Ana de Jesús, destinataria del ‘Cántico espiritual’ de San Juan de la Cruz y determinante para que el poeta terminase su obra; Ana de San Bartolomé; María de San Alberto; y Cecilia del Nacimiento, autora de teatro, poesía y autobiografía. Los nombres de estas religiosas, en la actualidad, están comenzando a tener interés. Y libros como ‘Instrucción de novicias’, publicado por Blackie Books, y escrito por Ana Garriga y Carmen Urbita, detrás del podcast ‘Las hijas de Felipe’, ayudan a su conocimiento y difusión.Mientras tanto, Borrego nos cuenta que lleva una década dedicada a investigar la escritura carmelita y su legado, después de bucear en las profundidades del teatro más ignoto del Siglo de Oro y pasar después por las formas teatrales conventuales y los monasterios reales. Actualmente dirige CARMEL-LIT II, Mulier fortis, mulier docta. Escritura, espiritualidad e hibridismo literario en el Carmelo de la Edad Moderna, un proyecto de I+D dedicado a recuperar esa producción. E insiste en que sacar los textos de los archivos y estudiarlos es solo una parte del trabajo. “Después tienen que circular”, concluye. “Queremos que el público medio conozca a estas mujeres, que la academia se vea interpelada a seguir recuperándolas y estudiándolas, que el mundo editorial y el mundo de la cultura se animen a editarlas y que el mundo político invierta también en estos proyectos”.