Noventa años han pasado desde el fusilamiento de Federico García Lorca en el barranco de Víznar (Granada, España), al alba del 18 de agosto de 1936. Nueve décadas donde, a pesar de los disparos, ningún rifle fascista ha podido callar sus versos. 

 

 

Las letras de Lorca siguen allí, en el aire, flotando en el tiempo como un velero, retando a los villanos de la Guerra Civil que quisieron silenciarlos. “Ha hecho más daño con su pluma que otros con sus pistolas”, respondió Ramón Ruiz Alonso a Miguel Rosales, cuando este le preguntó de qué se le acusaba al poeta que sería arrestado. Hoy la obra lorquiana puede tomarse como estandarte ante las injusticias del mundo.

En La Laguna, el teatro y la poesía de Lorca han sido pretexto para diversos e...

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