El Camino Inglés de Ferrol a Compostela ha explotado de éxito en vísperas del Año Santo 2027, que se prevé masivo. En grupo, en pareja, en equipo, en solitario. A pie o en bicicleta. Con más extranjeros que nacionales, dispuestos para tres días de caminata en tres (o cuatro) etapas hasta sumar los 112,4 kilómetros que separan la ciudad naval de Santiago a través de 14 municipios que serpentean por la ría ferrolana, miran a la costa atlántica como Pontedeume o Miño o ascienden por los pastos del interior cruzando Bruma y Ordes.

Entre enero y agosto, fueron 20.660 personas las que sellaron la certificación por esta ruta, de acuerdo con los datos de la Oficina del Peregrino. Es el registro más alto en la última década y prácticamente cuadruplican los 5.116 peregrinos que habían escogido esta ruta en 2016. El Camino Inglés ya es la tercera vía más popular para peregrinar a Compostela, tras el Camino Francés y el Portugués, que asciende por la costa atlántica desde Tui, y por delante de los caminos Primitivo y del Norte. Solo el año 2020, marcado por la pandemia del Covid-19, quedó casi huérfano de peregrinos —apenas 1.100— por las restricciones a la movilidad. El año 2025 se cerró con 15.959 personas; una cifra récord que se ha pulverizado en el primer semestre del 2026.

“El incremento es muy notable”, destaca el responsable del albergue municipal de Neda (A Coruña). Día sí y día también, han desfilado por sus camas (26 plazas) grupos parroquiales o de agrupaciones. Algunos llegan a cuentagotas ya entrada la noche, y a menudo hay más demanda que sitio, hasta el punto de que un alcalde de la zona se lió la manta a la cabeza y alojó a un grupo numeroso en su propia casa y repartió desayunos.

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Las cifras del cómputo global de peregrinos a Compostela son todavía más abrumadoras. El viernes 21 de agosto (antes de las 17 horas), habían llegado a la plaza del Obradoiro más de 3.000 peregrinos en una sola jornada por cualquiera de sus rutas. La estadística oficial computa una veintena de rutas, desde la Vía de la Plata al Camino Olvidado, el de Invierno o la Vía Céltica. En lo que va de 2026, suman 363.022 personas y el 2025 se cerró con más de medio millón de peregrinos en la capital gallega: 530.724. El 43% declaró que lo hacía por motivos religiosos.

El 57% fueron extranjeros (302.613) frente a 228.111 nacionales. Los norteamericanos, italianos, alemanes y portugueses lideran el ranking, pero el abanico es tan amplio como un mapamundi; de Timor Oriental a Sudán, pasando por Micronesia, Groenlandia o Tayikistán. Entre los españoles, Andalucía va en cabeza, seguida por Madrid, Comunidad Valenciana y Cataluña.

El revulsivo económico de caminar

La pasión por caminar y hacer Camino está siendo un revulsivo económico para una ciudad que, en 2023, estaba entre las más baratas de España para comprar una vivienda en la costa, según un estudio del portal inmobiliario Idealista. Ya no. Con la eclosión del turismo, Ferrol y su costa recortada se perfilan como refugio climático y punto de salida del Camino Inglés, por lo que han empezado a proliferar negocios en torno a este pivote: de pisos de alquiler turístico a VTC y otros servicios de movilidad de equipaje, especialmente de abril a noviembre. El 92% de las plazas hoteleras están completas para este fin de semana y esa ha sido la tónica habitual del verano.

A primera hora de la mañana de casi cualquier día, el mojón de piedra del puerto de Curuxeiras en Ferrol que marca el kilómetro cero del Camino Inglés tiene visita. A cinco metros está la oficina de Atención al Peregrino, que funciona como punto de encuentro para arrancar una ruta que hunde sus raíces en el siglo XII como puerta marítima de entrada para los viajeros del Norte: Inglaterra, Irlanda, Noruega, Suecia. Todos ellos desembarcaban en Ferrol o A Coruña —de donde parte otra variante más corta (73 km)—, e incluso en los puertos de Viveiro y Ribadeo (Lugo). Uno de los relatos más antiguos que ha dejado testimonio escrito de esta ruta es el viaje de cinco años a pie del monje islandés Nicolás Bergsson, desde su isla natal hasta Roma pasando por Santiago entre 1154 y 1159.

"Más asfalto que bosque"

Guaci y Santi Rodríguez viajaron desde Telde, Gran Canaria, junto a otra pareja de amigos, para hacer el Camino en una ruta planificada con mimo y ganas de disfrutar de la gastronomía como premio. Cruzaron 14 municipios en cuatro días y, cuenta ella, que, por mucho que madrugasen, no lograban escapar del bochorno de un verano inusualmente cálido en Galicia.

"Más asfalto que bosque y sombra", se lamenta, pero se muestra satisfecha de haber descubierto pequeñas joyas en la ruta, como Betanzos, Pontedeume o el río Tambre. No era la primera vez. Ya había probado antes el Camino Francés desde Sarria y descarta un tercero. "Ya suficiente Camino. Les toca a otros", termina.

Seo-yeon viene desde Corea del Norte. Camina sola y le da vueltas al mapa mientras trata de ubicar la Casa del Mar de Ferrol, donde ha reservado una litera y usa el Google Translate para explicarse. La espiritualidad del Camino llegó a sus oídos y ha volado más de 10.000 kilómetros para caminar 100. Su otro viaje arranca al amanecer.