Aún no se apagaban los últimos festejos en aquel otoño de 2018 por el triunfo de Andrés Manuel López Obrador para la Presidencia y de Claudia Sheinbaum en la capital, cuando Omar García Harfuch anticipaba el fin de su carrera. Estaba amenazado por grupos criminales, vetado por el presidente electo y acorralado por su jefe. Era director de la Agencia de Investigación Criminal de la entonces Procuraduría General de la República, a cargo de Alejandro Gertz Manero.
En las semanas previas, un viejo aliado, estrechamente cercano a López Obrador, le transmitió un mensaje que lo descorazonó más: El entrante gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, solicitaba una propuesta para secretario de Seguridad Pública, y aquél instaba a García Harfuch a asumir la tarea.