La bella y atildada doctora Anne Young me trae corto con su charla. Tengo de conocerla años, pero hasta ahora nació digamos, esta amistad de charla, polémica y brindar con un buen vino tinto de por medio. Antes muy ocasional o esporádico nuestro encuentro, pero siempre ha sido gentil y galante conmigo. Yo con ella.

La última ocasión me recetó las siguientes palabras a la par de que ella me entregaba dos libros de regalo. Yo le entregué uno. Me dijo: “Mira, maestro. Me han gustado muchos tus ensayos donde das cuenta de tu servidora y platicas un poco por dónde va nuestra charla con respecto a Dios. En consulta, muy rara vez lo nombro por muchos detalles y motivos: cada ser humano es libre de creer en lo que quiera y no soy nadie para imponer un credo religioso. Los dejo hablar y que ellos mismos lleguen a sus conclusiones...”