Irene Montero (Madrid, 38 años) ha cambiado de estrategia. Es viernes por la mañana y la eurodiputada de Podemos ha eliminado de su discurso cualquier dardo a los excompañeros de Sumar. Admite algún matiz a las reglas que su partido estableció en 2014, sonríe y busca un tono amable, pausado. Incluso respira antes de contestar sobre Ceuta y la política migratoria “criminal y racista” de la UE. Hace una semana que propuso encabezar una candidatura amplia a las generales que se decida en primarias conjuntas para “remover la energía” en la izquierda. Mira hacia delante y evita hablar del veto en las listas de 2023.
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