La economía de Ceuta se encuentra en situación límite tras la reciente crisis migratoria, registrando pérdidas directas que ascienden a 33.038.768 euros hasta el 31 de agosto. El presidente de la Cámara de Comercio ceutí, Karim Bulaix, califica de "auténtico descalabro" un escenario marcado por el desplome del consumo y la caída del 90% en la demanda turística de la península. La paralización de la actividad comercial y la cancelación de las Fiestas Patronales —que costó más de 10 millones de euros— han reducido a la mitad la facturación del comercio y la hostelería, poniendo en riesgo la supervivencia de miles de autónomos y trabajadores en la ciudad autónoma.

PREGUNTA. Usted ha calificado el escenario actual como un auténtico "descalabro" para el tejido productivo de Ceuta. ¿Cuál es la fotografía real de la economía ceutí ahora?

RESPUESTA. La fotografía es muy preocupante. El informe actualizado de la Cámara cifra en 33.038.768 euros las pérdidas económicas directas acumuladas hasta el 31 de agosto. Estamos hablando de una cantidad equivalente al 20,6% del PIB medio de un mes y al 1,72% del PIB anual de Ceuta, concentrada en apenas unas semanas. Pero detrás de estas cifras hay miles de empresarios, autónomos y trabajadores. El comercio ha perdido cerca del 53% de su facturación; la hostelería y la restauración, un 50,7%; los alojamientos turísticos, aproximadamente un 50%, y la demanda turística ordinaria procedente de la península se ha reducido alrededor de un 90%. Ceuta está triste, el consumo se ha desplomado y la percepción de inseguridad está alejando a visitantes e inversores. No estamos ante una mala temporada ni ante una oscilación normal del mercado. Estamos ante una crisis extraordinaria que está poniendo en riesgo la supervivencia de una parte importante de nuestro tejido productivo.

P. ¿Cuáles han sido las principales variables que han provocado este agujero económico?

R. La primera fue la paralización inmediata de la actividad durante los días más graves de la crisis, que generó unas pérdidas de 7.070.643 euros. Muchos establecimientos no pudieron abrir y la movilidad, el consumo y la actividad económica quedaron prácticamente interrumpidos. La segunda fue la cancelación de las Fiestas Patronales, que supuso dejar de generar 10.252.199 euros. La Feria no afecta únicamente a las empresas instaladas en el recinto: moviliza a la hostelería, el comercio, los hoteles, el transporte, los proveedores y numerosos servicios. La tercera ha sido la prolongación de la crisis durante todo agosto. La desaparición de visitantes, las cancelaciones, la caída del consumo local y el deterioro de la confianza provocaron otros 15.715.926 euros de pérdidas. Y existe un cuarto factor especialmente grave: el daño a la imagen de Ceuta. El informe estima separadamente en 170,1 millones de euros el deterioro inicial del valor económico asociado a nuestra reputación, confianza y capacidad para atraer turismo e inversiones. Esta cantidad no se suma automáticamente a las pérdidas directas porque responde a una metodología diferente, pero refleja la dimensión del riesgo al que nos enfrentamos.

P. Hablemos del día a día. ¿Cómo están los comercios, las tiendas de barrio y los restaurantes en estos momentos?

R. El problema fundamental que tenemos es la ausencia de un horizonte final. Cuando se han producido catástrofes como la dana o la erupción del volcán de La Palma, el impacto y los daños fueron enormes, pero llegó un momento en que la emergencia terminó y pudo comenzar la reconstrucción. Existía un punto a partir del cual se podía mirar hacia delante. En Ceuta no sabemos cuándo va a terminar el daño, cuándo se recuperará plenamente la normalidad ni cuándo se expulsará a quienes entraron irregularmente. Esa incertidumbre hace que la situación sea todavía más difícil. Hay que ponerse en la piel de un comerciante o de un hostelero. Ahora mismo está poniendo dinero de sus propios ahorros para mantener abierto su negocio, pagar las nóminas y evitar el cierre. Pero la pregunta que se hace cada día es: '¿Cuánto tiempo más voy a tener que aguantar así?'. Cuando nadie puede responderle, aparece la gran duda: ¿seguir consumiendo todos sus ahorros o cerrar cuanto antes para no perder también su patrimonio personal? Por eso necesitamos ayudas, pero también una solución y un horizonte temporal claro. Sin esa certeza, será muy difícil evitar que muchos empresarios terminen tomando la decisión de cerrar.

El clima de inseguridad -'subjetiva', según Marlaska- permanece.

P. Esta asfixia comercial se tiene que traducir necesariamente en el empleo. ¿Qué medidas están tomando los empresarios para no quebrar?

R. Los empresarios están haciendo todo lo posible para conservar sus plantillas. Están reduciendo horarios y jornadas, reorganizando turnos, reordenando vacaciones, aplazando contrataciones, no cubriendo vacantes y reduciendo temporalmente determinados servicios. El 74% de las empresas encuestadas declara que la crisis ya ha afectado a la organización de su personal. Ese porcentaje asciende al 85,4 % en el comercio y al 90,9% en la hostelería. Hasta ahora, la prioridad ha sido preservar el empleo y esperar una recuperación rápida, pero el margen se está agotando. Si no se restablecen pronto la normalidad, la confianza y la demanda, las medidas organizativas pueden convertirse en reducciones de plantilla, cierres y pérdida permanente de tejido productivo. En una economía pequeña como la de Ceuta, cada empresa que desaparece es muy difícil de sustituir. No perdemos solamente empleos: perdemos inversión, experiencia, capacidad empresarial y una parte de nuestra oferta comercial.

"En una economía pequeña como la de Ceuta, cada empresa que desaparece es muy difícil de sustituir"

P. El Gobierno ha puesto sobre la mesa planes de choque millonarios con ayudas directas para pymes y autónomos. ¿Es suficiente este balón de oxígeno?

R. Valoramos que el Gobierno haya destinado 35 millones de euros a ayudas directas, porque las empresas necesitan liquidez inmediata. Sin embargo, hemos trasladado a la Secretaría de Estado de Comercio que la distribución planteada debe revisarse, ya que los tramos son excesivamente amplios y no reflejan adecuadamente el tamaño, el empleo ni el daño sufrido por cada empresa. Por ejemplo, una persona física recibirá 5.000 euros, con independencia de su facturación o del número de trabajadores que tenga. Las empresas que facturan entre uno y dos millones de euros recibirán 10.000 euros. Y dentro del tramo de dos a seis millones, una empresa que facture dos millones y un euro recibiría la misma ayuda que otra que facture cinco millones y medio, pese a que sus estructuras, plantillas y costes pueden ser completamente diferentes. Además, reservar 150.000 euros para empresas con una facturación superior a diez millones no parece adaptado a la realidad económica de Ceuta. Aquí existen muy pocas empresas de ese tamaño y muchas de ellas no pertenecen a los sectores más afectados por esta crisis. Por tanto, existe un riesgo evidente de que una parte importante de los 35 millones no llegue a distribuirse.

Por eso hemos pedido que se reconsideren los tramos y que las ayudas guarden mayor relación con la dimensión de cada empresa, el empleo que mantiene y la pérdida efectivamente sufrida. También hemos propuesto que, si una vez resuelta la convocatoria se comprueba que no se ha distribuido ni siquiera el 50% del presupuesto, el remanente se destine inmediatamente a una segunda ayuda para las empresas afectadas. Dicho esto, el plan incorpora medidas estructurales de enorme importancia. Una de ellas es la ampliación al 75% de la bonificación en las cuotas de la Seguridad Social, que permitirá reducir los costes laborales, proteger el empleo y mejorar la competitividad de nuestras empresas. También resulta fundamental la modificación del artículo 33 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades.

Esta medida contempla una reducción en la base imponible de 120.000 euros por cada trabajador durante los dos primeros años y de 60.000 euros por trabajador a partir del tercer año. Es un incentivo extraordinariamente potente para que nuevas empresas se instalen en Ceuta y para que las ya existentes creen y mantengan empleo. Otra es la ampliación de la bonificación al 60% en el I.S., un 10% más que el que disfrutaban nuestras empresas hasta ahora. Estas medidas estructurales darán sus frutos cuando consigamos salir de la crisis. Pero ahora necesitamos también que las ayudas directas estén bien distribuidas y lleguen íntegramente a quienes están soportando las pérdidas. Los 35 millones son una cantidad importante, pero lo decisivo es que se utilicen en su totalidad y que ninguna empresa viable tenga que cerrar por falta de apoyo mientras continúa esta situación.

P. Si el dinero no es la única respuesta, ¿qué exige de forma urgente la Cámara de Comercio?

R. Exigimos tres actuaciones inmediatas. En primer lugar, garantizar plenamente el orden público y la libre circulación, para que empresarios, trabajadores y clientes puedan desarrollar su actividad con absoluta normalidad. En segundo lugar, agilizar la expulsión y el retorno de quienes han accedido irregularmente a Ceuta. La ciudad tiene una capacidad limitada y no puede permanecer indefinidamente en una situación excepcional, sin una solución ni un horizonte temporal claro. Y, en tercer lugar, establecer un protocolo permanente de protección y respuesta en la frontera, con medios suficientes y mecanismos de actuación previamente definidos, para impedir que una situación semejante vuelva a paralizar la ciudad. Estas tres demandas son las primordiales. No responden únicamente a una reivindicación política o de seguridad: son condiciones económicas básicas. El propio informe refleja que el 80 % de las empresas considera la recuperación efectiva de la seguridad y la normalidad como la primera prioridad, incluso por delante de las ayudas directas. La seguridad y las medidas económicas deben aplicarse simultáneamente. Las ayudas permiten que las empresas resistan, pero la seguridad es la que permite que vuelvan los clientes, los visitantes, la inversión y la actividad económica.

P. La inestabilidad prolongada amenaza con causar un daño reputacional estructural e irreversible. ¿Se pueden permitir más dilaciones?

R. No podemos permitírnoslas. Ceuta estaba avanzando en un proceso real de transformación y diversificación económica, con proyectos vinculados a la tecnología, la inteligencia artificial, los centros de datos, el turismo y la economía digital. Ese proceso puede quedar comprometido si se consolida fuera de Ceuta una imagen permanente de inseguridad e inestabilidad. Ya conocemos decisiones de inversión que han sido aplazadas mientras las empresas esperan comprobar cómo evoluciona la situación. Y cada inversión que se retrasa supone proyectos que no comienzan, empleos que no se crean, proveedores que no se contratan y oportunidades que pueden terminar trasladándose a otros territorios. Por eso necesitamos una actuación inmediata del Gobierno que no se limite a gestionar la emergencia. Hay que resolverla, fijar un horizonte temporal claro y transmitir dentro y fuera de Ceuta que la ciudad está segura, que existe control y que las inversiones cuentan con todas las garantías. Ceuta necesita ayuda económica, pero, sobre todo, necesita recuperar la normalidad y la confianza. No queremos vivir de las ayudas; queremos volver a trabajar, recibir visitantes, atraer inversiones y generar empleo.