La ANC convocará una cumbre independentista para proponer “un nuevo embate” contra el Estado español. Fue el anuncio solemne que hizo su presidente Josep Vila en la última Diada. Pero no habrá partidos políticos en este encuentro. Ni ERC, ni Junts ni la CUP, las formaciones que impulsaron la consulta del 1-O, estarán invitadas. La razón es eludir la cuestión de Aliança Catalana. Si se invitaba a la formación que lidera Silvia Orriols, se hubiesen iniciado mecanismos de vetos políticos que hubiesen desactivado el encuentro antes de empezar. De ese modo se evita este riesgo. Pero también se plantea un encuentro que queda descafeinado, según reconocen fuentes del independentismo.

Vila hizo su propuesta ante los manifestantes, en un momento de exaltación al ver que habían convocado más gente, y más joven, que el pasado año. Portavoces de la ANC han asegurado que en el discurso ya quedaba claro que no estarían los partidos. Pero incluso en el seno de las formaciones no se había entendido así.

“Desde la Asamblea convocaremos antes de un mes una cumbre de entidades civiles independentistas donde compartiremos este compromiso y tejeremos las complicidades necesarias para sacarlo adelante”, dijo Vila de manera textual. La fórmula de entidades civiles dejaba fuera los partidos.

El portavoz de Junts, Josep Rius, de alguna manera ya lo daba por hecho cuando este lunes explicaba que desde su partido “Como Junts per Catalunya nos sumaremos cuando sea el momento a estos proyectos para recuperar la unidad”. El momento, al parecer, no será el mes que viene, cuando se convocará esta cumbre.

Fuentes del independentismo aseguran dos cosas: que la cumbre es incompatible con la presencia de Aliança tras una Diada en que todas las formaciones, incluyendo las no independentistas como el PSC, se centraron en criticar al partido nacido en Ripoll; y que escasa trayectoria podrá tener una cumbre en la que no participen ni Carles Puigdemont ni Oriol Junqueras, sólo por poner los dos ejemplos más evidentes.

En principio, la ANC invitaría a Òmnium Cultural –su presidente Xavier Antich fue el más contundente contra Aliança Catalana pidiendo reforzar el cordón sanitario–, al Consell de la República, que se encuentra en horas bajas tras la salida de Puigdemont, al sindicato independentista la Intersindical, a l’Associació de Municipis per la Independència (AMI) y el CIEMEN (Centre d'Informació i Documentació Internes en Etno-Nacions). Parecen unos mimbres escasos para volver a echarle un nuevo pulso al Gobierno español.

Capacidad de movilización

Al convocar la cumbre sin partidos, la ANC busca obviar la pregunta clave: ¿es posible la unidad independentista con Aliança Catalana disparada en las encuestas? Pero sin estos partidos, y con Illa en la Generalitat, la cumbre tampoco levanta muchas expectativas.

El auge de Aliança Catalana distorsiona una futura unidad del independentismo

Entre 2012 y 2017, la ANC consiguió arrastrar a los partidos políticos a posiciones más radicales de lo que ellos hubiesen querido. Pero eran tiempos en que movilizaban para la Diada manifestaciones de medio millón de personas para arriba. Los 48.000 asistentes del último 11 de septiembre en Barcelona son una cifra notable, pero no para que ningún partido cambie su posición.

Historia de las cumbres

Además, tradicionalmente, las cumbres independentistas que han sido relevantes han contado con la participación de los partidos políticos y no sólo de las entidades sociales. Como la de julio de 2019, en Ginebra, que en aquel momento convocó Carles Puigdemont.

En julio de 2024, Puigdemont volvió a convocar un encuentro en Waterloo para analizar la situación política tras las elecciones del 12-M. En ella participaron por Junts, Jordi Turull, Toni Comín y Lluís Puig; por ERC, Marta Vilaret y Juli Fernàndez); por CUP, Carles Riera; Lluís Llach por la ANC, Xavier Antich por Òmnium y Jordi Gaseny por la AMI. Dicho de otra manera, no hay precedentes de una cumbre relevante al margen de los partidos.