Las últimas semanas han sido para el gobierno de Sheinbaum una especie de curso intensivo sobre aquello que el obradorismo juró durante años que no sucedería sobre su simulado mantra y descubrir que la realidad tiene la pésima costumbre de no respetar la narrativa.
Debe ser todos los días un duro golpe al ego familiar de Palenque que se vuelve patológico cuando necesita deformarla para conservarla.