El canciller alemán, Friedrich Merz, se encuentra bajo una fuerte presión. El país está sumido en una grave crisis estructural, con una economía que no termina de volver a la senda del crecimiento tras cinco años. Supone un caldo de cultivo ideal para la extrema derecha, que continúa con su avance imparable. En este contexto, el líder conservador mostró este domingo su “preocupación” por el futuro del país tras los últimos comicios regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y en Berlín, y alertó de cómo el tono de la convivencia se ha vuelto “más duro e intransigente”.
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