Suele decirse que es justamente el mejor nadador el que más riesgo tiene de ahogarse, por exceso de seguridad. La fatalidad acecha a todos, pero ve sus mejores oportunidades en los que se sienten más confiados. No sabemos si este fue el caso del empresario burgalés Juan José Mutiba, de 66 años de edad, pero lo cierto es que un veterano aficionado a la navegación como él sufrió hace ocho días uno de esos accidentes fatales, casi incomprensibles, que provocan el mayor de los desconciertos: acababa de pescar un atún y estaba limpiando la sangre en la cubierta de su catamarán cuando resbaló y se precipitó al mar.
Lo que iba a ser un viaje de ocio para disfrutar de los placeres de la navegación —una afición a la que Mutiba dedicaba mucho tiempo desde que se jubiló en 2021— se convirtió abruptamente en tragedia. El empresario estaba de vacaciones con su mujer, Carmen, y viajaban desde Siracusa (Italia) hasta Pylos (Grecia) en un viaje que se había iniciado el día anterior, el lunes. Cuando sucedió lo más inesperado, el 18 de agosto, estaban a 150 millas de la costa de Sicilia y eran alrededor de las nueve de la mañana.
El mar al que se precipitó, el Jónico, añadió distancia física y lejanía institucional al drama. Aunque las autoridades italianas iniciaron la búsqueda del empresario en cuanto tuvieron noticia de lo ocurrido —por ahora sin éxito—, la familia no ha encontrado la cercanía personal ni la información que hubieran sido esperables de haber ocurrido el siniestro en su propio país. Echan de menos que se les informe, aunque quizás lo que ocurre es que no hay demasiado de lo que informar.
Si el resbalón de Juan José Mutiba se antoja estremecedor, por desconcertante y fatal, no es menos dramático lo que ocurrió inmediatamente después. La esposa, Carmen, ha reconocido a sus hijos que no supo reaccionar, conmocionada por la situación. Su marido le gritó que detuviera el barco, pero ella no supo cómo hacerlo y el catamarán siguió a la deriva, alejándose cada vez más de su marido. Aunque cuenta con un título de Patrón de Embarcación de Recreo, que obtuvo hace “muchos años”, la mujer nunca había tenido que enfrentarse a la responsabilidad de gestionar una nave por sí sola.
Su marido le gritó que detuviera el barco, pero no supo cómo hacerlo y el catamarán siguió a la deriva, alejándose cada vez más
Tampoco estaba familiarizada con la embarcación en la que sucedió la tragedia, que era una adquisición reciente de la familia. “Piensa ahora que podía haberle lanzado algo al agua, que quizás tendría que haber reaccionado de otra manera”, contó su hijo Sergio a El Mundo. “Nosotros intentamos convencerla de que no puede cargarse con eso, pero está destrozada", añadió. Tras unos primeros momentos de shock en los que narraba lo sucedido como si fuera una película que le hubiera ocurrido a otro, empieza a abrirse paso la conciencia de lo sucedido. Y es una conciencia dolorosa.
A las dos fatalidades mencionadas, hay que sumar una tercera. Durante tres días, Carmen vagó a la deriva por el mar Jónico, incomunicada, sin cobertura, sin poder alertar a nadie de la tragedia que acababa de ocurrir. Tenía víveres, pero estaba sola y sus insistentes intentos de pedir auxilio eran infructuosos. Aun así, no se rindió y siguió probando suerte cada varias horas, hasta que al fin pudo contactar con el mundo exterior. Logró contactar con un amigo de la familia, que, a su vez, alertó a Salvamento Marítimo en España y ellos a las autoridades italianas y griegas. Es fácil imaginar la angustia de esos tres días. El tiempo era, y es, esencial para un posible rescate, y discurría impunemente, acompañado de un atronador silencio tecnológico que impedía que nadie pudiera enterarse de lo que había ocurrido.
Son ya nueve los días sin noticias de él. Encontrarlo con vida sería un milagro
Cuando se inició la búsqueda, el pasado viernes, ya habían transcurrido tres días desde el resbalón fatal. Tres días en los que hay que imaginarse a un Juan José Mutibe zarandeado por las olas en alta mar, intentando sobrevivir, sin alimentos ni agua. A día de hoy, jueves, son ya nueve los días sin noticias de él. Encontrarlo con vida sería un milagro. Pero nunca hay que descartar los milagros, por improbables que sean. La familia se aferra a esa esperanza y pide a las autoridades italianas que no se rindan y que sigan buscando. Y el Gobierno español ha comunicado que está estudiando la posibilidad de reforzar el operativo con medios propios, según Telecinco. “Queremos que le busquen”, afirma su hijo Sergio. “Es muy difícil, pero tenemos esperanza”.