La Sagrada Familia de Barcelona encara el final del año del centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí. Terminada la basílica en vertical, con la torre de Jesucristo culminada en febrero, y tras la visita del Papa en junio, el templo afronta en este inicio de curso dos decisiones importantes. Una, la urbanística, las negociaciones con el Ayuntamiento y los vecinos sobre qué pasará con la escalinata sobre la calle de Mallorca: si se hará, si no, y si comportará derribar viviendas. La segunda es la artística: el fallo del concurso convocado para materializar la que será la fachada principal del templo, la de la Glòria. Los artistas convocados son el mallorquín Miquel Barceló, la donostiarra Cristina Iglesias y el mexicano Javier Marín. Hace meses que los tres entregaron sus proyectos. Esperaban veredicto primero en abril, luego en junio, y a finales de este mes vuelve a reunirse el Patronato en la convocatoria ordinaria de cada tres meses.

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