Aldellah Zahar posa para la fotografía con una amplia sonrisa y la señal de la victoria. “¿Por qué no voy a sonreír, si estoy en España?”, razona cuando un joven marroquí le recrimina que muestre esa energía, estando como está, tendido sobre una acera, con la pierna vendada y deseando acceder al mayor recinto de acogida de urgencia para migrantes que hay en Ceuta, situado en la barriada de Loma Colmenar. Zahar, de 21 años y procedente de Marrakech, a unos 600 kilómetros al suroeste de la ciudad autónoma, es uno de los cientos de marroquíes que ha acudido en la última semana a las aceras de esta zona soñando con que el acceso a estos espacios mejore su vida y les lleve a quedarse en España. “Tanto yo, como los que estamos aquí, preferimos morir antes que regresar a Marruecos”, resume, cuando se le plantea la posibilidad de ser expulsado, como asegura que hará el Gobierno. “Me mato antes que volver, es como si me apuñalaran por la espalda”, secunda su amigo Otman, de 18 años, procedente de Agadir, a 800 kilómetros al suroeste.

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