La noticia corrió por toda la República: una niña de 11 años estaba embarazada como producto de una violación. ¡11 años! El padrastro, que con todo el cinismo del mundo se atrevió a dar entrevistas televisivas intentando buscar a culpables diferentes a él, no se salió con la suya. El ADN del feto confirmó su paternidad y ahora enfrenta a la justicia en Matamoros. Tenía antecedentes de haber estado en prisión por hechos análogos en Florida. Durante años abusó sin consecuencia alguna de menores, pero el embarazo lo delató y ahora la pequeña está, con todas las cicatrices internas y externas, en el intento de rehacer su vida. Una vida que vale, una vida que importa. Una vida que puede recomenzar.
La niña de Matamoros corrió con diferente suerte a la de Paulina hace 26 años en la también ciudad fronteriza de Mexicali. En aquel tiempo, a pesar de que el Código Penal de Baja California permitía el aborto en casos de violación, se impusieron creencias religiosas. A pesar de que el Ministerio Público ya había autorizado el procedimiento, la iglesia e incluso médicos usaron presión psicológica para frenar el procedimiento y el embarazo continuó en contra de la voluntad de Paulina y de su madre. El caso llegó a instancias internacionales y autoridades nacionales avanzaron en normatividad idónea para dar garantías de que el caso no volviera a repetirse.