“Espectáculo dantesco”, “vodevil”, “culebrón turco”. Son los términos que han utilizado algunos de los involucrados en las negociaciones para la unión de la izquierda a la izquierda del PSOE al describir el proceso. Los múltiples llamamientos en medios de comunicación y redes sociales para “estar a la altura de la responsabilidad histórica” y responder a “lo que pide la gente” derivaron en reproches mutuos y han concluido en una foto engañosa que tiene más que ver con las expectativas generadas que con las posibilidades reales. En último término, como resume el politólogo Pablo Simón, “se trataba de un juego de incentivos en el que cada formación debía decidir qué quería: maximizar la representación, es decir, que hubiese más tarta para repartir entre todos, o proteger o reflotar la propia marca”. La respuesta a esa pregunta explica, en gran parte, el desenlace de esas conversaciones.

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