El futuro nunca es obvio, aunque vivamos durante décadas como si lo fuese, pero hay personas que lo tienen muy presente. Después de un diagnóstico, un paciente con cáncer puede ver cómo el tiempo se espesa y empieza a comportarse de manera paradójica. Pueden parecer meses los días a la espera de resultados o cuando el cuerpo duele, aun así, el tiempo se vuelve escaso. Las decisiones vitales se revisan con angustia y se empiezan a contemplar posibilidades antes impensables. Esto también sucede a los inversores profesionales, ese gremio de futurólogos en el que unos pocos ganan mucho porque la mayoría no acierta.

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