"Soy tan chula que, cuando digo yes, todos me notan que soy de Lavapiés". Gloria Fuertes nunca escondió el acento de sus orígenes. Madrid todavía conserva las huellas de aquella infancia entre corralas, plazas, tabernas y mercados: un mapa castizo que permite seguir los pasos de la poeta por el barrio que marcó su vida y terminó colándose, de una forma u otra, en sus versos.
Una ruta por el Lavapiés de Gloria FuertesLa ruta arranca en el número 3 de la calle Espada, a pocos pasos de Tirso de Molina, donde una placa recuerda la casa en la que nació y creció Gloria Fuertes. Lavapiés fue su primer universo, aunque la familia fue mudándose al compás de los trabajos de su padre, portero de profesión: también vivió en las calles Dos Hermanas y Tres Peces. De niña recorrió el barrio a pie y en bicicleta, en medio de una infancia humilde que no frenó su temprana curiosidad por los libros: con apenas cinco años ya escribía y dibujaba sus propios cuentos.
Seguir sus pasos es recorrer el Lavapiés que terminó impregnando sus versos. La ruta atraviesa el Rastro, con sus puestos de objetos usados y cachivaches, pasa por la antigua plaza de Cabestreros —hoy Nelson Mandela— y llega hasta las Escuelas Pías de la plaza de Agustín Lara, incendiadas el 19 de julio de 1936, apenas iniciada la Guerra Civil. Declarado Bien de Interés Cultural en 1996, el conjunto alberga hoy un centro de la UNED y una de las bibliotecas más singulares de Madrid, integrada entre sus ruinas. La contienda dejó una profunda huella en Fuertes: el hambre, la muerte y las dificultades de aquellos años acabarían aflorando incluso en su poesía infantil.
De las tabernas de Madrid a una biblioteca sobre ruedasLa ruta hace parada en Mesón de Paredes, donde Gloria Fuertes tuvo uno de sus refugios habituales: la centenaria Taberna de Antonio Sánchez. Allí ocupaba siempre la misma mesa y aprovechaba sus visitas para escribir. A pocos metros, la plaza de Lavapiés devuelve al visitante a sus años de mayor efervescencia literaria: publicó sus primeras obras, frecuentó tertulias y, en 1947, fundó junto a otras escritoras Versos con faldas, un grupo que llevó los recitales de poesía a bares y cafés de Madrid. Fue también en aquellos años cuando se subió a una Vespa cargada de libros infantiles para recorrer pueblos de la sierra de Madrid, localidades donde apenas había escuelas y disponer de una biblioteca era prácticamente impensable.
Gloria Fuertes posa junto a un surtidor de gasolina en una de las imágenes que forman parte de la exposición dedicada a la poeta en Matadero Madrid. (Cedida)
Fuera de Lavapiés, el Madrid de Gloria Fuertes continúa en la Cuesta de Moyano, donde compraba libros que después leía a escondidas en la portería. A los 13 años, un nuevo trabajo de su padre llevó a la familia hasta Chamberí y cambió también el escenario de su juventud. Cerca de allí estudió taquigrafía y mecanografía en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer y, más adelante, biblioteconomía e inglés en el Instituto Internacional de Madrid. En 1961 cruzó el Atlántico para dar clases de Literatura Española en Estados Unidos, pero ni la distancia consiguió borrar su acento madrileño. Lavapiés siguió siendo su brújula sentimental y la seña de identidad de aquella poeta que presumía de ser tan chula que, incluso cuando decía "yes", todos notaban de qué barrio venía.