A orillas del Alhama, una ruta literaria de 8 kilómetros permite adentrarse en la Navarra que inspiró a Gustavo Adolfo Bécquer. Entre cuevas, ruinas medievales y paisajes de perfiles casi románticos, el camino conduce por los escenarios que alimentaron dos de sus leyendas, allí donde el territorio terminó convertido en materia literaria.
Fitero aparece en el extremo suroeste de Navarra, muy cerca de La Rioja. Hasta estas tierras llegó Gustavo Adolfo Bécquer atraído por sus célebres aguas termales, aunque el poeta encontró también inspiración para El Miserere y La Cueva de la Mora, dos relatos publicados originalmente en prensa en 1862 y 1863 y posteriormente reunidos dentro de sus célebres Rimas y Leyendas. Hoy, el Circuito de Roscas permite adentrarse en aquel universo literario a través de una ruta circular de 8,2 kilómetros, apenas 120 metros de desnivel y unas dos horas y media de duración. Señalizado con marcas blancas y verdes, el sendero atraviesa primero huertas, viñedos, olivares, almendros y frutales antes de conducir hacia una cueva legendaria, los restos de un castillo medieval y las singulares formaciones rocosas que dan nombre al recorrido.
La cueva de Bécquer y un castillo medieval
La huella de Bécquer toma forma en la Cueva de la Mora, donde el escritor situó el romance imposible entre la hija de un alcaide árabe y un caballero cristiano durante la Reconquista. Desde la cavidad, el sendero asciende hasta la Elera de San Valentín o de los Frailes, la única antigua nevera de Fitero que ha llegado hasta nuestros días, con un pozo cilíndrico cubierto por una singular cúpula de 16 lados. Más arriba, sobre un risco, emergen las ruinas del Castillo de Tudején, una fortaleza de origen árabe donde Castilla y Aragón firmaron en 1151 el Tratado de Tudilén. Un paisaje de cuevas, ruinas y viejas leyendas que convirtió este rincón navarro en territorio fértil para el imaginario romántico de Bécquer.
Las Roscas, aguas termales y el monasterio cisterciense
El gran espectáculo natural llega con el macizo de Roscas, una formación originada hace unos 25 millones de años cuyos conglomerados han sido modelados por la erosión hasta crear una sucesión de entrantes y salientes. Desde la parte alta se contempla la ribera del Alhama y los pueblos próximos, aunque entre febrero y julio está prohibido acercarse a los cortados para evitar molestias a las aves nidificantes. La escapada puede completarse siguiendo la huella de Bécquer hasta el Monasterio de Santa María la Real de Fitero, considerado el primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica, y acercándose a los Baños de Fitero, cuyas aguas termales emergen a más de 46 grados y atrajeron al propio escritor.