Hay enfermedades que se ven, duelen y obligan a buscar un médico. Y hay otras que se esconden detrás de una sonrisa, de un día de trabajo o de un silencio que nadie se toma la molestia de interpretar. La salud mental pertenece a esa segunda categoría, hasta que el sufrimiento deja de ser invisible y se convierte en tragedia.
Cada 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Una fecha que debería servir para algo más que llenar las redes sociales de frases motivacionales y recomendaciones que olvidaremos al día siguiente. Porque mientras hablamos de bienestar emocional, millones de personas libran una batalla silenciosa sin atención profesional, sin recursos económicos y, demasiadas veces, sin alguien dispuesto a escucharlas.