Era el momento. Ahora o nunca. Les dijeron que no tendrían problemas para pasar a Ceuta, que la frontera marroquí estaba abierta, y se lanzaron al mar. Nadaron durante horas, sin flotadores ni neopreno, sortearon la frontera y pisaron suelo español. Cuatro mujeres migrantes que llegaron en torno a los días en los que cruzaron 80.000 personas, a finales de julio, relatan sus penurias en las últimas tres semanas. Han pasado hambre y sed y han dormido en la calle. Las han echado de un barrio. Se han quedado sin ropa y sin dinero. Expuestas a robos o a sufrir agresiones sexuales. Son tres adolescentes, todas de 17 años, y una embarazada de ocho meses, de 21 años. Las cuatro llegaron dando brazadas e intentan mantenerse a flote. Estas son sus historias.

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