El presidente de Israel, Benjamín Netanyahu, se rodea de algunos ministros que habría que darles de comer aparte.
El titular de seguridad nacional, Itamar Ben-Gvir, ha dicho en los últimos días unas frases que se convierten en lapidarias y que retratan a su gobierno.
A principios de semana, el personaje en cuestión dijo que habría que ejecutar de entre treinta a cuarenta palestinos al día.
Sin embargo, aún hay más, a mediados de semana manifestó que quiere ahorcar a palestinos. Y no solamente eso, dice que quiere construir unas cabinas de observación. ¿De qué se trata? Son unas cabinas para poder ver la ejecución en directo. Es lo mismo que pasaba en los patíbulos solo que en el 2026. Y el individuo se quedó tan ancho cuando lo contó.
Durante muchos siglos las ejecuciones eran públicas. No hay más que recordar la Revolución Francesa y la Inquisición. A principios de los 40 el dictador Benito Mussolini y su amante Clara Petacci fueron colgados en una plaza céntrica de Milán. Pero claro, eso sucedió a principios de los años cuarenta.
Hoy algunos personajes asilvestrados siguen queriendo hacer lo mismo. Porque en la actualidad continúa ocurriendo, pero ocurre en países como Yemen o Afganistán. No debería pasar nunca en un país civilizado.
Estamos al principio del final del 2026 y casi en los prolegómenos del 2027. Y hay ciertas cosas que no se pueden decir, es más, no se deberían ni pensar. Lo que pretende el ministro ultra del ultra Benjamín Netanyahu es una involución, que ocurría en tiempos pretéritos cuando se imponía la ley del más fuerte porque sí.
Un país como Israel que mira hacia el progreso con ciudades cosmopolitas como Tel-Aviv o Jerusalén, que buscan el bienestar, está intentando instalar una cabina para poder visualizar la muerte agónica en directo. Es, cuando menos, asombroso.
Y como digo siempre, a la ciudadanía israelí hay que sacarla de esta ecuación, pero no a su clase política que es la única responsable de toda esta barbarie del siglo XXI.
@pelaez_alberto