No han perdido la ocasión las monjas de Belorado para arrimar su problema personal a la sensibilidad ciudadana contra los desahucios que ha reactivado el ‘caso Maricarmen’, que ha provocado acampadas y todo tipo de protestas. Aunque las situaciones son muy diferentes, las religiosas han aprovechado la ola desatada por la anciana para mostrar su solidaridad con quienes sufren este tipo de desalojos, al tiempo que se presentan ellas mismas como “un referente” del problema en España.

“Las monjas son un referente de los desahucios”, asegura su jefe de prensa Francisco Canals, que no duda en definirlos como “una cruel práctica arraigada en nuestra cultura”. En el caso de las exreligiosas clarisas, no sólo fueron desalojadas del monasterio burgalés de Belorado que ocupaban en marzo de este año, sino que este lunes se conoció que ya hay fecha para su desahucio del monasterio vasco de Orduña, que también ocupan ocasionalmente. Será el 31 de marzo cuando se celebre la vista oral del procedimiento. Dado el desenlace judicial del caso de Belorado, los letrados de las ex clarisas no esperan sorpresas.

“Expresamos nuestra solidaridad a la señora Maricarmen, que está viviendo este desahucio tan terrible”, manifestó el lunes Sor Paloma, antes de conocer que el Ayuntamiento de Madrid había alcanzado un acuerdo que ha propiciado su regreso a casa. “Mostramos nuestra solidaridad con tantas personas que cada año son desahuciadas y que tienen que vivir en medio de una situación de precariedad y sufrimiento, Y, a veces, de una falta de dignidad humana”, añade la religiosa en un video distribuido a los medios. “Nosotras sabemos bien lo que es esto”.

Ciertamente, los procedimientos de las religiosas burgalesas y de Maricarmen son sustancialmente diferentes. En el caso de la anciana, el problema surge cuando la propiedad le exige el pago de un alquiler elevadísimo —aunque acorde con el precio de mercado— que no puede abonar. En el caso de las monjas, tiene su origen en la decisión de las religiosas de abandonar la Iglesia católica y su pretensión de seguir habitando el monasterio en el que habían desarrollado su vida religiosa hasta ese momento. Las exreligiosas clarisas entienden que la comunidad que se separa de Roma no son sólo las personas, sino también el edificio que habitan, pero ese argumento no lo han avalado los tribunales.

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Lo que sí tienen en común los dos casos es la situación de precariedad en la que quedan los desahuciados. Quizás por ello las religiosas han reclamado en un comunicado “que se atienda la dimensión humana de estos procedimientos y que se busquen vías de diálogo y soluciones habitacionales antes de que nuevos desalojos agraven la situación”, en alusión a su propio caso, pues los nuevos desalojos amenazan con complicarles la vida aún más.

Desde que tuvieron que marcharse de Belorado, las monjas han buscado alternativas residenciales para mantener la actividad de la comunidad, conscientes de que Orduña y Derio, otros monasterios en los que han residido ocasionalmente, estaban también amenazados por procedimientos similares al que las expulsó de Belorado, como han confirmado los tribunales.

“No quieren pasar de nuevo por ese sufrimiento”, afirma Francisco Canals, para explicar por qué se han negado a asentarse en Orduña, siquiera temporalmente. Pero hasta ahora no han logrado encontrar una ubicación alternativa, pese a una ruidosa campaña que lanzaron en las redes sociales hace meses. En un primer momento, un pariente de una de las religiosas les cedió una casa de dos pisos en Puebla de Montalbán, en la provincia de Toledo, pero tras darse a conocer la ubicación, decidieron marcharse para esquivar la presión mediática.

En la actualidad viven alquiladas en otra residencia en otro pequeño pueblo de la misma provincia, que no quieren dar a conocer. Pero también van, de vez en cuando, a Orduña, por lo que el desalojo las afectará. En cualquier caso, no consideran la casa que habitan una residencia definitiva para la comunidad.

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“No somos únicamente un expediente judicial. Somos personas que necesitan un lugar donde vivir”, reclaman las monjas cismáticas, que también lamentan que la pérdida de los monasterios donde residían “supone perder lugares donde han desarrollado durante años su vida comunitaria y espiritual”.

“Expresamos nuestra queja contra los grandes tenedores, que son los que manejan el mundo”, asegura Sor Paloma, con un lenguaje que las conecta con la agresividad de los colectivos sociales antidesahucios. Pero en su comunicado van más allá al apuntar directamente contra la Iglesia católica, como “uno de los grandes propietarios de bienes muebles de España”. Lamentan que en un momento en el que cada vez más edificios religiosos están vacíos, se las expulse de uno que tenía actividad y vida religiosa.

En todo caso, la pérdida de la residencia no es actualmente el problema que más preocupa a las exreligiosas. Lo que más las inquieta es la posibilidad de ir a la cárcel, pues entre los litigios que tienen pendientes está uno por presunta desatención en el cuidado de sus hermanas mayores, en el que el fiscal solicita penas de 12 años de cárcel. “Ahora su principal preocupación es no entrar en la cárcel”, admite el portavoz de las exreligiosas.

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Además del asunto de las mayores, las monjas cismáticas están acusadas también de presunta venta irregular de patrimonio artístico de la comunidad de Belorado, asunto que todavía tiene que materializarse en los tribunales. Según el letrado Florentino Aláez Serrano, este procedimiento es una muestra de ensañamiento contra las religiosas por su decisión de abandonar la Iglesia católica. “No se conoce ningún otro caso en España de detención por venta de arte sacro de una monja, clérigo, monje, fraile o canónigo. Y ventas ha habido muchas”, asegura.

A estas dificultades hay que sumar que el restaurante que abrieron en Arriondas con el fin de generarse alguna fuente regular de ingresos no terminó de funcionar y las religiosas lo abandonaron. Actualmente sigue activo gestionado por una de las monjas cismáticas, que ha abandonado la comunidad y su condición religiosa, y se centra en sacarlo adelante. Pero su éxito o fracaso ya no tendrá repercusión en sus antiguas compañeras.