Emiliano García-Page (Toledo, 1968) es el último felipista con poder orgánico en el PSOE de Pedro Sánchez. De las voces discordantes, es el único con poder real y por eso en el último Comité Federal socialista fue atacado por la dirección de un partido que actúa como siempre actúan estas organizaciones cuando han dejado pasar la corrupción: negándolo todo, victimizándose y censurando a los críticos. Pero el presidente de Castilla-La Mancha no se calla ni dentro, ni fuera, ni A contraluz: "No puedo permanecer en silencio y mucho menos ser cómplice". Recibe al equipo de El Confidencial en el Palacio de Fuensalida y, en la antesala de su despacho, entrega un obsequio: nada de joyas, sino un cuaderno con las láminas del VIII centenario de la Catedral de Toledo. Convencido de que el PSOE atraviesa la encrucijada más difícil de su historia reciente, considera que contribuir a su supervivencia pasa por responder a todo lo que se le pregunta. El escándalo que más le preocupa de los que cercan al Gobierno son las cloacas, o la creación de un dispositivo para tapar, y no combatir, la corrupción. Tipo amable, campechano y cercano, pide que la entrevista se realice de tú.

PREGUNTA. Emiliano García-Page, bienvenido a A Contraluz. Tengo mucho interés en hablar contigo sobre cómo fue el Comité Federal del Partido Socialista, pero antes de entrar en lo político, me gustaría que me contaras cómo entra Emiliano García-Page allí. ¿Cómo le miran? ¿Cómo notas que eres la voz discordante, el enemigo, el ogro?

RESPUESTA. Puede resultar paradójico, pero me encuentro a la gente enormemente cordial. A la gente, no a la dirección. Enormemente cordial, sí. Todavía muchos te saludan después de cerciorarse de que no hay moros en la costa, pero bien, en general, bien. Tengo multitud de amistades y experiencias muy positivas en las décadas que llevo en mi partido. Llevo bastante más tiempo en el PSOE que muchos de los que están por allí.

Emiliano García-Page posa para el segundo episodio de A contraluz. (S. B.)

P. Sin embargo, los críticos del PSOE lamentáis que no haya capacidad de discrepar internamente en el partido o que quien lo haga sea señalado.

R. Lamentablemente, las organizaciones que creen que la unidad consiste en la unidad con uno tienden a no hacer ni crítica ni autocrítica. Por tanto, casi diría que para poder saber cuál es el sentir de muchísima gente, al menos de la que se ha quedado en el PSOE —porque mucha otra hace ya tiempo que abandonó—, habría que hacer una especie de escáner o un análisis de sangre, porque muchas veces la opinión no es la que emerge. Sobre todo cuando la crítica supone tanta hostilidad, tanta violencia.

"Tanto esfuerzo por aparentar autoridad yo personalmente no lo identifico con síntomas de serenidad. No es normal"

P. ¿Cómo ves al presidente del Gobierno, al secretario general del PSOE? ¿Lo ves seguro? ¿Lo ves inseguro? En esa imagen que trata de trasladar él y los suyos de que aquí no pasa nada.

R. La verdad es que llevo ya mucho tiempo en la vida política, muchísimo, y mi experiencia me dice que lo verdaderamente curioso no es lo que sale en los periódicos. Si se tiene toda la autoridad, tanto esfuerzo por aparentar autoridad yo personalmente no lo identifico con síntomas de serenidad. No es normal. Es decir, si están mucho más pendientes de lo que decimos algunos que de los corruptos, por ejemplo, es para preocuparse.

P. Al final es un síntoma de debilidad.

R. Yo tengo aquí mayoría absoluta. Tengo gente que coincide conmigo y gente que no dentro del partido en Castilla-La Mancha. Tenemos todas las reuniones con normalidad. Admitimos por completo cualquier tipo de opinión, aunque hay un trabajo muy cooperativo. Pero cuando se exhibe o se quiere exhibir tanta férrea autoridad teniéndola de antemano —se está en el Gobierno y se está en la dirección—, yo creo que hay que ver exactamente cuál es la causa remota, la causa de fondo. Cuando hay muchos responsables del Gobierno y de la dirección básicamente preparados solo para contestar a uno, a dos, a tres que podemos discrepar en una organización tan grande, simplemente me parece de tal desproporción que dice poco realmente de la normalidad. No diría que la palabra clave sea tranquilidad. Podría haber otras, pero no tranquilidad.

"Cuando Sánchez dijo en el Comité Federal que no había que tener miedo porque el activo, el que tiraba del voto, era el Gobierno se hizo un silencio sepulcral"

P. El aplauso más importante, o al menos más significativo, fue cuando dijo el presidente del Gobierno que no habrá superdomingo. Entiendo que eso revela un temor en el partido, en los cargos medios, en los cargos locales, en los cargos autonómicos, a ir todos juntos y arrastrar el desgaste del presidente del Gobierno.

R. Sí, de esa parte en concreto puedo hablar, aunque en teoría tendría que ser a puerta cerrada. Pero como nada más bajarme del atril ya había medios que tenían mi intervención; como algunos miembros se grabaron incluso su propia intervención y la colgaron en redes; como los audios del propio comité se han filtrado y hemos conocido otros en los que había altavoces en la calle, a pesar de ser un órgano interno, cuando todo esto se ha trastocado, puedo decir con tranquilidad que el momento quizás más extraño, a lo mejor para el propio presidente del Gobierno, fue cuando invocó que el Gobierno era el principal activo electoral. Dijo que no había que tener miedo a que coincidieran en un superdomingo; que no lo iba a haber, pero que no había que tener miedo porque el activo, el que tiraba del voto, era el Gobierno. Y se hizo un silencio sepulcral. Y lo de sepulcral, créame, no es retórica. Sin embargo, cuando se reafirmó en que, a pesar de todo, no habría superdomingo, lo que levantó fue un aplauso. Quizás esta es la parte menos prevista de todo el comité.

García-Page durante la grabación del segundo episodio de A contraluz en el Palacio de Fuensalida, en Toledo. (S. B.)

P. Al fin y al cabo, los que salís a la calle con cargos en el Partido Socialista percibís qué piensa la gente. ¿Qué le pasa a Emiliano García-Page cuando sale en Toledo a dar un paseo o se encuentra con la gente? ¿Qué escucha?

R. Yo creo que, a la postre, la inmensa mayoría de la gente que no puede defender lo indefendible —militantes, votantes, dirigentes o simpatizantes— se ha ido escondiendo, refugiando en la única coartada que les queda: la existencia de Vox. Cuando tengo cualquier conversación con mucha gente, los argumentos se agotan en segundos y, al final, el único elemento de agarre, el único punto de apoyo, es que "va a venir Vox". Si no estuviera Vox, sinceramente, no habría patente de corso. Desde mi punto de vista, la amenaza de que pueda venir Vox no es una patente de corso para tragar con todo lo intragable.

P. ¿A qué atribuyes que en el Comité Federal del PSOE, el máximo órgano entre congresos, apenas haya discrepancia entre todos esos dirigentes?

R. Esencialmente, a la propia composición del comité. No seré yo quien abunde en ello porque respeto mucho a todos los compañeros. Pero ahí tienes un dato.

P. A que hay muchos que ocupan cargos dependientes del Gobierno.

R. La composición del propio comité tiene mucho que ver con el funcionamiento del comité. Cuando después de un año con cuatro procesos electorales y de derrotas clamorosas no se dice ni una sola palabra sobre los procesos donde los ciudadanos nos han vuelto la espalda, ni siquiera en la réplica, entenderá que hay algún tipo de problema.

P. Al lado del presidente del Gobierno está María Jesús Montero, que ha conseguido un resultado terrible y, sin embargo, no se habla del tema ni se pone en duda su legitimidad para ocupar ese puesto.

R. La verdad es que algunos hablaron más de Page que de los resultados obtenidos en sus autonomías. Es llamativo, pero, créame, no es lo relevante. El PSOE es un partido enormemente policromado, con muchísimas opiniones y muchísima variedad. Lo que sucede es que la situación, en el fondo, agarrota mucho. Es muy difícil porque lo primero de lo que tenemos que zafarnos es del desconcierto. La situación es tan absolutamente desbordante, tan extraña, y hay tanta argumentación en contra nuestra que lo primero que uno tiene que hacer es zafarse de la desorientación que produce todo lo que está pasando.

P. ¿Cuál es, para el presidente de Castilla-La Mancha, el peor caso de corrupción de los que en este momento cercan al Gobierno, al Partido Socialista y al presidente personalmente?

R. Los peores casos son aquellos que se han amparado en un clima de amoralidad política.

P. Ahí estamos hablando, entre otros, del caso Ábalos, para empezar, que ya tiene una sentencia firme.

R. Creo que la gravedad, desde el punto de vista de la responsabilidad política, está en función de los cargos que ostentan los presuntos implicados. Que haya dos secretarios de Organización evidentemente nos pone ante el precipicio de una posible imputación a la propia organización. Sería la primera vez que ocurre en un partido de estas características. Yo desearía por todos los medios que el PSOE no fuera imputado, lo cual no quiere decir que fuera culpable, bajo ningún concepto, pero sería un elemento muy adverso.

P. Hemos hablado mucho de la financiación irregular del PSOE y de una posible imputación. Sin embargo, ahora parece mucho más cercana otra posibilidad: una imputación como persona jurídica no por haberse financiado irregularmente, sino por haber pagado actividades ilegítimas, básicamente las cloacas.

R. Lo de las presuntas cloacas clama al cielo. Ya no solo por el aspecto, sino porque el formato es de un cutrerío que ya de por sí echa para atrás. Pero lo peor de las cloacas, y especialmente si esa supuesta trama se aceleró con motivo de los cinco días de reflexión del presidente del Gobierno —que es cuando, según los autos que estamos conociendo, se precipitaron reuniones y actuaciones—, es el miedo que refleja. En realidad, la tranquilidad de cualquiera viene de tener la conciencia tranquila. Esa es la tranquilidad de fondo. El problema de Leire Díez y de todo lo demás es que refleja, sobre todo, un estado de ansiedad, un estado de miedo. Y eso es lo que más miedo me da.

Foto: S. B.

Foto: S. B.

P. Hay un caso que, intuyo, no es el más preocupante para el Gobierno, al menos en este momento, pero sí para la izquierda en su conjunto, más allá del Partido Socialista. Me refiero al caso de José Luis Rodríguez Zapatero, que había sido proclamado faro moral de la izquierda, desplazando incluso a Felipe González, que sé que es su debilidad. Y, de repente, se cae absolutamente. ¿Qué efecto puede tener Zapatero sobre la propuesta que la izquierda tiene que hacer a la sociedad en este momento?

R. Siempre he tenido respeto por el presidente Zapatero y no puedo sino reconocerle que estamos en el desconcierto, esa sensación de no querer creerse las cosas. Nos estamos dando un tiempo psicológico para intentar entender lo que está pasando porque, obviamente, todos nos refugiamos en la imagen que tenemos de los políticos cuando están en ejercicio. Yo, de verdad, nunca hubiera puesto la mano en el fuego por nadie. De hecho, solo la pongo por mi familia. Esa expresión de pedir a alguien que ponga la mano en el fuego es una trampa. Era la prueba que hacía la Inquisición a los acusados. La mano en el fuego la tienen que poner los acusados, no los demás, y ninguno salió sin quemársela en la historia de la Inquisición. Pero más allá de eso, no la pongo por nadie, salvo por mi familia. Dicho esto, estaba absolutamente convencido, y sigo estándolo, de que durante su etapa de Gobierno mantuvo una actitud impecable desde el punto de vista de la honestidad personal. Es mi opinión. Por eso contrasta tanto todo esto. Y eso abre un debate que quizá en España hemos dejado pasar demasiado tiempo: el de las influencias cuando ya no se está en cargos, las postinfluencias, las postresponsabilidades. Existe un espacio inmenso. Mucha gente llega al poder muy joven y, por tanto, se marcha siendo todavía joven, con mucha vida por delante. Hay todo un mundo de los excargos que está sin regular en España y ya llegamos tarde; pero hay que abordarlo.

P. Ahí entra también en juego la moral y la ética de cada uno.

R. Yo, la verdad sea dicha, con esto del dinero tengo una enorme tranquilidad. No soy ningún santo ni creo que haya santos en política, pero tengo la ventaja de que nunca me ha picado el bicho del dinero, y espero que no lo haga nunca. He conocido a gente de la que podría decir que son enormemente sanos y que de un día para otro les ha picado el bicho. Hay yonquis del dinero. Debe ser algo muy grave, porque empiezan y ya no paran. Cruzo los dedos para que nunca nos pique el bicho este.

"Lo que se está poniendo en cuestión no es al Zapatero de su Gobierno, sino a Zapatero en relación con Sánchez"

P. Tal vez la persona más alejada de esa querencia por el dinero era precisamente Zapatero. No solo por lo que ha dicho, sino por la vida que ha llevado, por cómo fue su etapa como presidente y también la posterior. Y, de repente, irrumpe un personaje absolutamente desconocido.

R. Eso es lo que más sorprende. De verdad que desearía que, no por prescripción, toda esta información pudiera descartarse porque resulta muy dolorosa. Tenga en cuenta que a cualquier partido político le conviene que no se caigan los cuadros de la galería de retratos. Nos convendría tener una galería de la que sentirnos orgullosos, como las salas de trofeos de los equipos de fútbol. Cualquier etapa debe basarse en el orgullo por las anteriores. Por eso creo que aquí nos estamos jugando mucho más que el problema de un expresidente: el juicio de una etapa. Con la particularidad: lo que hoy se está poniendo en cuestión no es la labor de José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno, sino sus relaciones en estos diez años.

García-Page sobre Zapatero: 'A cualquier partido político le conviene que no se caigan los cuadros de la galería de retratos'. (S. B.)

P. Lo que pasa es que en los últimos tiene una vinculación muy intensa con el Gobierno actual.

R. A esto me refiero: lo que se está poniendo en cuestión no es al Zapatero de su gobierno, sino a Zapatero en relación con Sánchez.

P. Por último, al respecto de Zapatero, presidente. Estamos en el Palacio de Fuensalida. Usted habrá recibido multitud de regalos como presidente de Castilla-La Mancha.

R. O somos demasiado pobres aquí, o no decidimos nada, o no mandamos nada. Hemos tenido suerte.

P. No llegan joyas a 300.000, ¿verdad?

R. Hombre, por favor. Todo lo que ve aquí está inventariado, o sea que no. En una tierra como esta, la verdad es que sufres mucho: yo que no bebo alcohol ahora, llevo años que no puedo beber alcohol, sufres porque te regalan vino y te regalan queso. El mejor vino y el mejor queso, estupendo todo, y miel. Cuestiones muy elementales. En general, la gente tiene muy claro lo que son los límites de los regalos protocolarios. Yo también, como presidente, cuando viene un embajador o un ministro, hago un obsequio protocolario que al mismo tiempo es propaganda de administración o de la región. Como haces merchandising, vas a Fitur y te hinchas a regalar cosas a la gente que pasa por la puerta del estand. Para entendernos, una cosa es la propaganda, la publicidad y el obsequio... si no hace falta casi ni regularlo. Todo el mundo tiene claro lo que es asumible y lo que no, es un problema de proporción. En las autonomías y en los ayuntamientos, en general, te pueden regalar mazapán. El mejor de España.

"Me preocupa la corrupción, pero sobre todo el dispositivo para taparla, no para combatirla, sino para que no se sepa. Eso es lo verdaderamente grave"

P. Los críticos. Desde la dirección del PSOE casi se ríen cuando aparece un exministro o un antiguo dirigente cuestionando la línea oficial. Sin embargo, cada vez son más las voces. ¿Existe una coordinación entre todos ellos o simplemente es una suma de opiniones individuales no coordinada?

R. Si la hay, yo no la conozco. Yo solo soy portavoz de mí mismo, pero tengo una trayectoria de muchos años de experiencia. Mi determinación se basa en que yo no tengo ningún tipo de aspiración. Yo sé que muchas veces me han buscado las vueltas para ver si yo estoy en alguna conspiración, si estoy en una ambición de ir a primarias. Mi proyecto, mi ilusión, mi ambición es Castilla-La Mancha. Lo que pasa es que, en defensa de los intereses de mi tierra, yo no puedo permanecer en silencio y menos aún ser cómplice, porque hay muchas cosas que están afectando a los ciudadanos: el deterioro de la imagen pública de la política, el destrozo de los valores de la Transición, el permanente cuestionamiento de líneas rojas del sistema democrático o la manipulación de los medios de comunicación. Todo eso, en el fondo, son intereses públicos. Me preocupa la corrupción, pero lo que me preocupa sobre todo es el dispositivo para taparla, no para combatirla, sino para que no se sepa. Eso es lo verdaderamente grave, eso es lo que más daño hace.

Foto: S. B.

Foto: S. B.

P. Es curioso que un Gobierno que nació precisamente para combatir la corrupción del PP, cuyo escándalo más grave fue el caso Kitchen, pueda haber incurrido —presuntamente, por supuesto— en un dispositivo para tapar su propia corrupción.

R. Obviamente, hoy Máxim Huerta no habría dimitido. No le habrían obligado a dimitir. A lo mejor incluso tendría una medalla. Sí, han cambiado muchas cosas desde Máxim Huerta.

P. Decía antes que no tiene ambición nacional. ¿No la tiene o es una cuestión que aún no ha decidido?

R. Tengo ambición por el país. No soy indiferente a lo que le pasa a España y quiero a rabiar a España, mal que le pese a algunos. A la España plural, a la España diversa, no a una España imperial. Para mí ha sido el espacio que ha permitido que una familia enormemente pobre como la mía haya prosperado, haya podido obtener becas públicas, hayan sacado carreras, hayan podido ganarse la vida. Mis hermanos y yo, todos, y con nosotros nuestros hijos. Hemos prosperado porque la democracia ha construido un auténtico ascensor social y el PSOE ha sido decisivo en esto. El cuento americano de que cualquiera puede soñar con ser presidente y conseguirlo tiene mucho de cuento. A la hora de la verdad no hay puntos de apoyo y todos los necesitamos. De eso, en España, podemos estar enormemente orgullosos porque somos un ejemplo. La socialdemocracia de fondo que