Solo habían pasado unos minutos desde que se confirmó la victoria del No a los decretos de vivienda en el Congreso cuando la calle estalló en un grito: “Vergüenza, vergüenza”. El centenar de manifestantes concentrados junto a la Cámara baja que llevaban cuatro horas esperando el resultado de la votación combinaron en una sola voz la indignación de los acampados en Sol con su próximo objetivo: “Huelga general”. Pegados a los teléfonos móviles lo que sucedió en el hemiciclo fue un bofetón para todos los que llevan seis días durmiendo sobre el cemento y aliento para quien cree “que las derechas pagarán todo esto en las urnas”, dice Mamem Robledo, con un silbato en la boca.
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