Detrás, al lado, arriba y abajo de lo que ya forma parte de la caracterización del “caso” Rocha Moya se encuentra un tema de la agenda nacional que se ha ido posponiendo pero que de manera inevitable tendrá que encararse en cualquier momento: la narcopolítica mexicana.

La solicitud de arresto de Rocha Moya con fines de extradición firmada de manera oficial por el Gobierno de Estados Unidos hace más de 100 días es el punto que ha desestabilizado al régimen político en turno, sobre todo porque la respuesta mexicana ha sido muy judicial exigiendo pruebas tan contundentes como quizá inexistentes de los presuntos pactos del gobernador de Sinaloa con la facción de Los Mayitos del Cártel de Sinaloa de El Chapo Guzmán.

La Fiscalía General de la República supuestamente hizo investigaciones sobre las presuntas relaciones Rocha Moya-Mayitos y llegó a una conclusión de falta de pruebas; aquí se usa el concepto de supuestamente no como ironía, sino como una argumentación legal en tanto que esas indagatorias son secretas y nunca y en ningún caso se han circulado de manera pública.

Por eso la presidenta Sheinbaum llegó a decir hace unos días en una Mañanera que no existían pruebas en contra de su compañero del sector y de partido y que en la lógica de las circunstancias políticas Rocha Moya podría o pudiera regresar a su cargo.

Y allí se encuentra el meollo del asunto. Es probable que Rocha Moya no haya consultado con quien debió haber consultado de las estructuras políticas del Gobierno actual, pero su regreso estaba fundamentado en la argumentación presidencial de que no había pruebas en su contra y que podría regresar.

Lo que queda en el ánimo nacional es que el manejo político del caso Rocha Moya careció de experiencia y pericia políticas y se están pagando las consecuencias.

 

Zona Zero

  • Si se entienden bien los mensajes en México y en Estados Unidos, el caso Rocha Moya no está resuelto en sus términos reales: la solicitud de arresto con fines de extradición y la denuncia de relaciones de funcionarios públicos con cárteles del narcotráfico siguen latentes. En este sentido fue muy oportuna -aunque maliciosa- la recomendación del vicesecretario de Estado y exembajador en México, Christopher Landau, de que hay que rellenar el plato de palomitas porque la película chaplinesca de cine mudo de la política y el narco mexicanos aún no ha terminado y no es por preocuparlos pero hay indicios de que lo mejor está por venir. Pueden acompañar las palomitas, los nachos y hot dogs.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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