“Amigo, ¿cómo estás? Che, dicen que no me querés más”, comenzó diciendo Javier Milei por si quedara algún charco más por pisar. “Por eso estás en mi despacho”, respondió irónicamente Santiago Abascal, antes de empezar a reír. El primero estaba en la fundación Disenso y el segundo, metido en una furgoneta en Avilés a punto de comenzar un mitin electoral.
Seguir leyendo