El ruido de los helicópteros es incesante. Despegan, se internan en el amplio espacio que separa el casco histórico de Oliva y su núcleo costero y vuelven cargados con algunos vecinos que viven en las masías diseminadas por el campo, en las casitas de la playa o en los apartamentos. La prioridad son las viviendas de una sola planta, aquellas en las que resulta más difícil escapar del agua, como se demostró trágicamente en la dana de 2024 en la provincia de Valencia, que se cobró la vida de 233 personas. En Oliva, zona cero de la última dana, Adam, el agua acumulada ha alcanzado en algunas viviendas al menos un metro y medio de altura debido a las lluvias torrenciales.
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