Claudia Tacoronte, una joven estudiante española de 21 años que tenía un mes de haber llegado a México para un intercambio académico de seis meses con la Universidad Autónoma de Morelos, fue asesinada el sábado en Cuautla, aparentemente por un joven que, suponen las autoridades, trató de robarla y que, al defenderse, la apuñaló. Claudia, que no sabemos si sabía que los feminicidios son un cáncer que padece Morelos desde hace varios años, ni si llegó a pensar que podía morir lejos de su patria, como tampoco sabemos si su asesino sabía quién era. Aunque estas reflexiones carecen de importancia judicial, no así el fenómeno de la violencia juvenil en México, donde el homicidio pasó a ser la principal causa de muerte de los jóvenes en 2010.
Nos acercamos a los 30 años de una sociedad profundamente deteriorada en su cohesión social, su estado de derecho y su capacidad institucional. Son tres generaciones cuya trayectoria de vida se interrumpió violentamente antes de que hubiera comenzado plenamente. ¿Qué tipo de sociedad produce este fenómeno juvenil donde morir violentamente se ha convertido en una probabilidad estadísticamente significativa? Los homicidios constituyen, de acuerdo con el Inegi, la principal causa de muerte de jóvenes de entre 15 y 34 años, y siete de cada 10, como agravante, se cometieron con arma de fuego.