“Esto es una locura, una vergüenza, un cachondeo. Ha llovido y el campamento se ha mojado, se han caído las carpas. Tenemos a mujeres y a niñas, hay gente enferma y nadie nos atiende. ¡Son personas vulnerables!“, denuncia Hafida Musfata Tami. Esta vecina del barrio del Príncipe de Ceuta ayuda de forma voluntaria a las mujeres y niñas migrantes desde que se produjo la gran entrada masiva del pasado 30 de julio para que no queden en las calles a su suerte. Se mueve por la pista deportiva de la barriada Príncipe Alfonso como una lagartija, vestida con un chaleco amarillo, y dando instrucciones a chicas que están tumbadas en colchones y que se levantan a toda prisa. De fondo martillea un cántico insistente en dariya, dialecto del árabe que se habla en Marruecos: ”Queremos un techo, queremos nuestros derechos", gritan al unísono una treintena de chicas, muchas adolescentes, algunas con los brazos en alto y acompañando su reclamación con palmadas. “Los periodistas solo venís cuando las cosas están bien, grabad esto”, pide.
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