Fadi Abed acomoda el pesado carrito en una calle de la Ciudad de México para empezar la faena. “¡'Basalé, basalé', rica comida 'balestina'!”, pregona para atraer clientes con su escaso español, que denota el clásico esfuerzo de los araboparlantes por pronunciar la letra “p”.

De esta manera, el joven irrumpe en el paraíso gastronómico callejero de la capital, donde busca construir una nueva vida tras escapar de la guerra en Gaza.

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Aunque la comida árabe es poco común en puestos de calle en la Ciudad de México, Abed atiende filas de comensales ansiosos por probar su sazón.

En el carrito resuena la “cumbia del falafel”, una adaptación musical que emula el icónico audio del vendedor de tamales oaxaqueños: “Lleve su rico y delicioso falafel palestino”, de esa manera se identifica entre sus clientes.

Su menú ofrece falafel, shawarma, hummus, kebab, baba ganoush y tabulé; los comensales, a la caza de nuevos sabores, han viralizado al “Hijo de Palestina”, su nombre en redes sociales, por el cual lo buscan para comprarle.

“Gracias a Dios, poco a poco vamos progresando haciendo comida palestina. Y al pueblo mexicano le encanta”, compartió a AFP.

Refugiado con 17 familiares

Fadi Abed, de 28 años, relató que llegó a México como refugiado junto a 17 familiares, incluidos su esposa y su hijo pequeño cuando llegaron en mayo de 2025.

Eligió este destino porque su padre, Kamal, emigró al país tras la destrucción de su negocio de mármol durante un bombardeo.

Al estallar la guerra en Gaza, su padre viajó a Egipto para tramitar la salida de la familia, pero la angustia deterioró su salud y falleció en El Cairo.

Su hermano Shadi continuó el proceso y, apoyado por una intensa campaña en redes, consiguió el refugio.

Ahora Fadi, quien comerciaba café y frutos secos en Gaza, intercala la venta de comida entre dos zonas de la capital, donde el producto se agota rápidamente, porque las personas lo buscan mucho.

Sergio Villegas, un escenógrafo mexicano que lo apoya en la logística y redes sociales, destaca la conciencia del comerciante: para él, desperdiciar comida en medio de un conflicto bélico es impensable.

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En su puesto, Abed moldea la pasta de garbanzo con perejil - base del falafel- mientras exhibe charolas con res y pollo especiados, ensaladas, salsas, agua de sandía con hierbabuena y dulces árabes.

El sueño de Fadi es establecerse definitivamente en el país y abrir un restaurante. Hoy cuenta con orgullo que su segundo hijo nació en suelo nacional y ya es mexicano. “Voy a ser el más famoso entre los palestinos”, dice con una sonrisa.