A reserva de que los progresivos aumentos salariales han beneficiado a la base trabajadora, Y con inflación moderada, el nivel de ingreso económico mantiene a una parte de la población en pobreza laboral, a nivel nacional y estatal.
En años recientes se ha presentado tendencia sostenida al aumento de personas que obtienen hasta uno a dos salarios mínimos, contrariamente la reducción tendencial también sostenida de quienes obtienen tres salarios mínimos y más, es decir que los costos laborales de empresas y negocios se trasladan hacia el pago de menos retribuciones.
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Aún que más personas en estratos inferiores de ingreso, con el incremento del salario mínimo referencial es mejor más que menos. Sin embargo, la optimización de costos salariales se refleja en las cifras de pobreza laboral. Veamos.
El empleo informal es resultado estructural del sistema económico, fenómeno que se presenta en México y a nivel global; la media nacional de población ocupada informal es 55.1% y en Coahuila es 34.2%.
Según INEGI, al segundo trimestre de este año, a nivel nacional el promedio de ingreso en la formalidad es de 11,043 pesos mensuales y en la informalidad es de 5,707 pesos al mes -incremento anual a junio de 2.12% y 8.5% respectivamente-; con 1.6 millones de población ocupada, Coahuila se ubica encima de la media nacional, ya que el salario mensual promedio formal es de 9,750 pesos y el informal es 7,580 pesos.
Aun con aumento salarial e inflación moderada -en la primera quincena de septiembre 3.42% nacional y 3.17% en el Estado-, persisten cifras de personas en condición de pobreza laboral, lo cual implica que, aún con poder adquisitivo para obtener la canasta básica diaria, no se obtiene la canasta alimentaria, que además requiere otros productos para una alimentación completa y equilibrada: carnes de pollo, res y cerdo, frutas, verduras, semillas y otros.
INEGI revela que, al tercer trimestre de este año, la media nacional de pobreza laboral se ubicó en 31.9% de la población ocupada (3.2% menos que en junio del año pasado) y en Coahuila la cifra es 24.8%, ubicándose entre las diez con menos población en dicha condición; sin embargo, en la entidad esta carencia económica y social aumentó 2.6% en junio pasado respecto al mismo periodo de 2025, ubicándose en 24.8% de la población ocupada formal e informal, la segunda entidad con más incremento después de Sinaloa con 3.7%.
En un contexto de posibilidades, lo anterior puede deberse a varios factores: aumento de personas con ingreso de uno a dos salarios mínimos y reducción de quienes obtienen de tres a más salarios mínimos; inversiones recientes con innovación tecnológica que requiere menos fuerza de trabajo operativa; migrantes de otras entidades que se registran en las cifras antes de contratarse; efecto de la política arancelaria estadounidense que aumenta moderadamente el desempleo; entre otras.
Circunstancialmente, esta afectación social y económica puede contextualizarse en ajustes de las dinámicas de innovación tecnológica y reacomodo económico global, en que se inserta la estrecha relación económica de Coahuila y del país con Estados Unidos.
En la glosa del Segundo Informe de Gobierno del Estado la Secretaría de Inclusión y Desarrollo Social dio a conocer que 51.6% de población coahuilense (1.76 millones) superó el umbral de pobreza multidimensional (que mide aspectos educativos, alimentarios, de vivienda, salud y servicios básicos), refiriéndose a que 142.1 mil personas superaron pobreza moderada y 33.2 mil superaron pobreza extrema (Vanguardia, 01-12-25).
Así, con programas sociales -que no derechos constitucionales- se atiende el rezago social en la entidad, (“Mera mera mejora”, “Mercadito mejora”, entrega de huevo y leche, entre otros), sin coordinación operativa con el gobierno federal, por obvias razones políticas.
Más allá del crecimiento económico, independientemente de posiciones ideológicas, permanentemente se debe aspirar al desarrollo social, a satisfacer integralmente las necesidades de personas, de comunidades y de la sociedad.