Fermín, con 75 años, vive en la colonia Santa María la Ribera, en un cuarto que le renta una conocida por mil 500 pesos, en el que cuenta con lo más mínimo, pero sus gastos mensuales los cubre “a duras penas”.

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Es beneficiario de la Pensión Universal para el Bienestar, que le permite gastar 600 pesos para sus medicinas, pero dice que ya no le alcanza para comprar las que le recetan en la farmacia de la esquina para la hipertensión y la diabetes.

“Cada mes necesito comprar medicinas, porque no cuento con IMSS, pero las medicinas que me mandan cuestan más de mil 200 pesos, así que no me alcanza y sólo compro lo que puedo”, platica.

Dice que su esposa falleció el año pasado y apenas conjuntando las dos pensiones para adultos mayores podían subistir, “pero ahora yo solo, ya no puedo, antes todavía podía ir como cerillo al Walmart, pero ya no tengo fuerza ni ánimo, mucho menos posibilidades para celebrar el Día del Abuelo”.

En México, hay 17.1 millones de adultos mayores de 60 años, de los cuales, considerando los mayores de 65 años que cuentan con la pensión de Bienestar hay entre 12.5 y 13 millones de personas que reciben este apoyo gubernamental que, como a Fermín, le permite subsitir.

De acuerdo con las mediciones de pobreza multidimensional del Inegi y el Coneval, entre 4 y 4.3 millones (31% a 34%) vive en alguna condición de pobreza multidimensional, mientras entre 3.2 y 3.6 millones de adultos mayores (25% a 28%) se encuentra en condición de pobreza moderada, con una o dos carencias sociales, como la vivienda.

Incertidumbre financiera

Además, entre 650 mil y 780 mil (5 a 6%) sobrevive en condiciones de pobreza extrema, debido a que sus ingresos ni siquiera alcanzan para cubrir la canasta básica alimentaria y tiene tres o más carencias sociales.

De 2025 a 2026, las pensiones para los adultos mayores sumaron un millón más de beneficiarios e incrementaron de 6 mil 200 a 6 mil 400 pesos mensuales, lo que es identificado como la contención del problema para evitar que incrementara el porcentaje de adultos mayores en pobreza extrema por ingresos.

Sin embargo, la inflación general en México, que registra una tasa acumulada de alrededor del 3.1% a 3.8% anual, según el Inegi, ubicando la tasa en 3.12% anual, ha tenido un impacto directo en la pensión para el Bienestar que se refleja en la pérdida del poder adquisitivo real de los adultos mayores.

“De la leche ya me olvidé, la carne y el pollo igual, me alimento con café, pan (bolillo), huevo y algunas verduras, y tortillas, pero comprar otras cosas como jamón o quesos también me resulta difícil”, menciona Fermín.

Mientras más del 50% de los adultos mayores en México recibe apoyo de sus hijos, Fermín pertenece a la otra mitad que no cuenta conese respaldo, “porque mi hija está enferma, tiene cáncer, y aunque quiera, no tiene con qué apoyarme”.

“Yo no quiero meterme en política, a mí todos me caen mal, pero sí reconozco que esta pensión (del Bienestar) es la que me permite seguir, pero lo que hubiera querido es tener una pensión estable, a través de un trabajo estable, que no tuve, y llegar a mi vejez en otras condiciones, no así, ya no puedo ni vender en la calle, así ya no quiero continuar, a ver cómo les va a los que siguen, van a ser más pobres que yo”, opina.

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Para 2050, se contempla que la población mayor de 60 años sea aproximadamente de 34.4 millones de personas, por lo que uno de cada cuatro mexicanos será adulto mayor, lo que significa un incremento considerable en la presión para el presupuesto público, que no podrá sostener las pensiones y el recrudecimiento de la pobreza multidimensional, que incluye los servicios de salud y los cuidados de larga duración.