La temporada de los Seattle Seahawks comenzó con un enorme susto. Apenas en la primera serie ofensiva ante los New England Patriots, el quarterback Sam Darnold sufrió una lesión en la cadera derecha que lo obligó a abandonar el partido y encendió las alarmas en el campeón vigente de la NFL.
La lesión se produjo cuando Darnold fue capturado por Dre’Mont Jones en una jugada de tercera oportunidad. El mariscal quedó tendido unos instantes y posteriormente se levantó con dificultad, evidenciando molestias en la pierna derecha. Después de ser evaluado en la carpa médica, caminó hacia los vestidores acompañado por integrantes del cuerpo médico.
Darnold ya no regresó al encuentro y fue declarado oficialmente fuera antes del medio tiempo. Hasta ese momento había completado uno de dos pases para 13 yardas, en un partido que permanecía sin anotaciones cuando sufrió el golpe.
La preocupación inicial, sin embargo, se transformó en cierto alivio para Seattle. Los rayos X y una tomografía descartaron una fractura en la cadera, mientras que los estudios posteriores apuntaron a que se trata de un problema de origen muscular. El entrenador Mike Macdonald señaló que la estructura de la cadera está intacta, aunque todavía falta determinar con precisión el tiempo de recuperación.
El diagnóstico representa una buena noticia para los Seahawks, sobre todo después de que el impacto hizo temer inicialmente por una lesión de mayor gravedad. De acuerdo con reportes posteriores, Darnold se perdería al menos el partido de la Semana 2 ante los Arizona Cardinals, programado para el 20 de septiembre, aunque existe optimismo de que pueda regresar poco después.
Mientras tanto, Drew Lock asumió los controles y respondió de manera sobresaliente. El suplente completó 16 de 22 pases para 187 yardas y un touchdown, además de conducir dos series ofensivas decisivas en el último cuarto que permitieron a Seattle remontar una desventaja de 10 puntos.