La abundancia de información no necesariamente ayuda a tomar mejores decisiones; por el contrario, la mayor cantidad de respuestas generadas por la Inteligencia Artificial (IA), opiniones y contenidos en internet dificultan qué creer y qué decisiones tomar, plantearon los hermanos Manuel y Mariajosé Arroyo.

“Hoy podemos buscar cualquier cosa en cuestión de segundos: una noticia o un dato, y siempre vamos a tener una respuesta en segundos. Aun así, eso no significa que tengamos mejor información para tomar mejores decisiones; de hecho, muchas veces pasa al revés: buscamos algún dato y terminamos con 10 respuestas distintas. Nunca tuvimos tanta información y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil saber cuál creer”, afirmó Mariajosé Arroyo, estudiante de Negocios Internacionales.

Durante la conferencia “Cómo tomar las mejores decisiones en un mundo saturado de información”, organizada en el foro Forbes Future Generation, los estudiantes sostuvieron que ante este escenario el criterio adquiere mayor relevancia, porque permite evaluar la información antes que acumularla.

“La información se volvió infinita; lo escaso es el criterio. Saber a quién creer, qué ruido existe y cuándo se tiene ya suficiente información es parte del criterio. El criterio no es un talento con el que se nace, es un método que se aprende y que se puede aprender fácilmente”, añadió Maríajosé Arroyo.

Los estudiantes compartieron herramientas para desarrollar este método, siendo la identificación de las fuentes de información la primera de ellas. Consideraron también la diversificación de fuentes, debido a que hoy las redes sociales recomiendan a los usuarios información que está dentro de sus propias creencias.

Señalaron que no basta con identificar quién emite un mensaje, sino que también es necesario conocer qué puede ganar esa persona si otros creen en su recomendación y qué consecuencias enfrentaría si se equivoca.

“Para los estudiantes, esto hace necesario buscar de manera deliberada argumentos que cuestionen una posición antes de asumir que es correcta. Tienen que buscar la contraparte de la idea que tienen, no la más fácil, sino la mejor versión. Ni la que les convenga, ni la que les guste más. Tienen que retarse y usar la mejor versión”, consideró Manuel Arroyo, estudiante de Negocios Globales.

Los retos de la IA

La IA representa otro reto y, aunque puede acelerar la búsqueda de información y generar respuestas en segundos, Manuel Arroyo advirtió que no debe utilizarse como una fuente incuestionable, particularmente porque puede ofrecer respuestas convincentes sin garantizar que sean verdaderas.

“La Inteligencia Artificial es un gran asistente, pero un pésimo oráculo. Esta herramienta siempre va a darte la razón, todo lo que le escribas le va a parecer una buena idea, pero en ese punto ya no estás investigando, estás negociando con la IA”, consideró Manuel Arroyo.

Para reducir el ruido, plantearon que cada búsqueda de información debe responder a una decisión concreta. De lo contrario, consumir contenidos puede convertirse en una actividad que aparenta productividad, pero que no se acerca a una conclusión.

“Primero, en una línea les tiene que entrar: ‘¿Qué vas a decidir y para cuándo?’. Esa es la primera pregunta que se tienen que hacer siempre. Y después preguntarse a sí mismos: ‘¿Qué información cambiaría mi decisión?’. Y buscar exactamente eso. Lo demás es ruido”, consideraron los estudiantes, quienes señalaron que el objetivo no consiste en esperar a contar con información perfecta, sino en saber cuándo existe suficiente evidencia para tomar las mejores decisiones.