'Política para supervivientes' es una carta semanal de Iñigo Sáenz de Ugarte exclusiva para socios y socias de elDiario.es con historias sobre política nacional. Si tú también lo quieres leer y recibir cada domingo en tu buzón, hazte socio, hazte socia de elDiario.es
Pedro Sánchez comenzó su discurso del jueves en el Congreso con el recuerdo de un hecho histórico que se podía haber ahorrado. Porque no le convenía nada. Comentó que los dos leones situados en la entrada del edificio fueron moldeados en bronce (por el escultor Ponciano Ponzano) con los cañones capturados a los marroquíes en la batalla de Wad-Ras en 1860. El tratado posterior a esa primera guerra española en África le sirvió de gancho para reafirmar la españolidad de Ceuta y Melilla: “Desde hace siglos, estas dos ciudades son españolas. Desde aquel tratado, lo son por acuerdo diplomático. Y les aseguro que así van a seguir hasta el final de los tiempos”.
Más allá de que ni Sánchez ni ninguno de nosotros vamos a estar por aquí en “el final de los tiempos” —es difícil precisar la fecha de ese momento—, no fue una buena idea la de los redactores del discurso. Recordar cualquier episodio de esas guerras africanas supone hacer una incursión en algunos de los peores momentos de la historia de España en los siglos XIX y XX. Decadencia. Un proyecto colonial inútil y fracasado. Los desastres militares con miles de bajas. Los privilegios de los ricos cuyos hijos se libraban de ser reclutados. Los pobres como carne de cañón. La estupidez de Alfonso XIII. Las tropas marroquíes que combatieron en el bando franquista en la Guerra Civil. Marruecos no evoca los mejores momentos de la historia de España.
Será por eso que uno de los columnistas más histéricos de El Confidencial escribió que esta última crisis de Ceuta podría ser el Annual de Pedro Sánchez. La derecha apuesta por ello. No le vale con criticar que las fuerzas de seguridad no pudieran impedir esa avalancha formada por decenas de miles de personas en un solo día, el 30 de julio. También quiere meter a Sánchez en la cárcel, por lo que dijo Alberto Núñez Feijóo en el debate. Su última munición consiste en apelar a la conspiración de que Marruecos obtuvo información comprometedora del teléfono del presidente. No tienen pruebas de ello, pero eso nunca les ha preocupado demasiado.
Sánchez alteró un poco sus mensajes sobre la responsabilidad de Marruecos en la crisis. Ha pasado de absolver por completo a Rabat, lo que es una posición imposible de vender a la opinión pública, a indicar que “es evidente que, después de lo ocurrido, esa cooperación tiene que ser diferente”. España no puede prescindir de la colaboración con el país vecino en la gestión de los flujos migratorios, algo que muchos políticos ignoran de forma bastante frívola. Pero es indudable que cada país es responsable de su lado de la frontera y Rabat debe muchas explicaciones sobre la pasividad de sus fuerzas policiales ese día.
No es seguro que las vayamos a tener. El funcionamiento de los ministerios y organismos que dependen directamente del rey Mohamed VI se caracteriza por el secretismo. Ni siquiera el primer ministro puede hacerles cumplir sus órdenes. Responden ante quien les nombró, y esa persona fue el monarca. Los medios de comunicación están controlados desde el poder. Nadie se atreverá a apuntar a responsables que cuenten con el apoyo real.
El propio Sánchez admitió que la Gendarmería marroquí permitió el paso por las fronteras durante al menos diez horas. Está por ver si lo hizo cumpliendo órdenes o porque sus agentes se vieron arrollados. Los testimonios de jóvenes entrevistados por Gabriela Sánchez en Ceuta indican lo mismo. “Éramos muchos y nos dejaban pasar. La puerta de España estaba abierta”. “Dicen que nos ha mandado Marruecos, pero la mayoría queremos venir desde hace años. Si lo organizaron, yo no me enteré”. “Los agentes no nos paraban. Decían: ‘Corre, corre’”. Sólo les obligaban a intentar cruzar nadando: “Si pisábamos el espigón, nos daban golpes en las manos. Nos decían que solo podíamos ir por el agua”.
Migrantes duermen en la calle cerca de la explanada de Loma Colmenar en Ceuta a la espera de poder acceder al campamento temporal.El PP acogió alborozado el informe policial del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (Cenif), un organismo policial que se dedica a hacer análisis desde Madrid sin contar con fuentes propias en Marruecos. Se envió a la jueza María Tardón, de la Audiencia Nacional, y muy pronto apareció en la web de El Español.
La lectura del informe de 55 páginas no deja lugar a dudas. Sus autores están convencidos de que lo ocurrido el 30 y 31 de julio responde a una planificación realizada por las autoridades marroquíes, aunque no señale directamente a ningún organismo político, policial o de inteligencia. Incluso afirma que los mensajes en las redes sociales sobre la sentencia del Tribunal Supremo tuvieron que haber sido organizados desde arriba. (Ignacio Escolar explica aquí cómo todo empezó con esa decisión judicial).
¿Qué pruebas cuenta para justificar estas hipótesis? Sólo las fotos y vídeos aparecidos esos días en medios y redes sociales que son interpretadas de forma que se ajusten a esa teoría. Los gendarmes, superados en número, dejaron pasar a todos el día 30, como ha quedado demostrado en artículos periodísticos. Además, hay “individuos no uniformados” de los que se dice que gestionan todo el proceso: “El patrón de comportamiento incluye una conducta atenta al entorno, que transmite aplomo, centralidad, diferenciación, liderazgo, etc. respecto a la masa de personas que les rodea”. Se les ve “arengando a la masa”, tomando imágenes y hablando por el teléfono móvil, dice el texto.
Entrando en un terreno claramente especulativo, los autores dudan de la “finalidad migratoria” de los acontecimientos. Lo afirman por el hecho de que el 90% de los que pasaron se volvió en uno o dos días, a lo que denomina “el hecho incontestable de que el perfil de la mayoría de los inmigrantes no busca permanecer en territorio español”. Esto se contradice abiertamente con los testimonios de los que regresaron. Aspiraban a quedarse, muchos engañados por lo que habían leído sobre la sentencia del Supremo, pero sin comida ni agua no podían quedarse mucho tiempo. Fue si acaso una migración masiva oportunista que no tenía visos de prosperar por la dimensión de las cifras de llegadas.
El informe afirma que la convocatoria que apareció en redes para llegar a Ceuta el 15 de agosto, y que no tuvo éxito, fue también parte de la conspiración “de forma que una segunda convocatoria artificialmente más detectable se convierta en un ejercicio de control que 'blanquee' la gestión precedente de la respuesta de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”. Esto no es un hecho, sino una opinión.
Hasta la discusión legítima en España sobre lo que supo el CNI antes de la avalancha de migrantes tiene un supuesto origen manipulado, según el informe. “La escalada de la cuestión (sobre el papel del CNI) se ha convertido en lo que podríamos calificar como una acción de contra-inteligencia ofensiva de manual”. En su intento por montar una gran conspiración de los servicios de inteligencia marroquíes, los autores les adjudican hasta la autoría del debate sobre si los servicios españoles podrían haber alertado al Gobierno días antes de la llegada masiva.
La imagen viral de jóvenes marroquíes saliendo de un camión que se ha geolocalizado lejos de Ceuta, a unos 50 kilómetros.Entre las imágenes utilizadas por esa unidad policial está una muy conocida por los usuarios de las redes sociales. Se ve a decenas de jóvenes salir de un camión ante la mirada de un agente uniformado. Varios medios afirmaron que se trataba de los que se dirigían a Ceuta. Un analista ha geolocalizado ese vídeo en un punto de la carretera de Tánger a Tetuán que estaría a unos 50 kilómetros de Ceuta, es decir casi once horas de trayecto a pie. Si fuera así, es dudoso que tenga que ver con lo ocurrido el 30 de julio. Otra hipótesis, según marroquíes que la comentaron en redes, es que se grabara cerca de Tetuán y que el camión llevara a personas para que vitorearan al rey en la celebración de la Fiesta del Trono en esa ciudad.
Es el problema de utilizar imágenes de origen desconocido y aparecidas en redes para fundamentar una investigación. Puede ser útil para escribir un artículo periodístico más o menos riguroso. Si es lo único que tienes, sirve para sustentar hipótesis, pero es de valor muy discutible en una investigación judicial.
La lógica desconfianza que suscita en España un régimen como el marroquí ha favorecido todo tipo de acusaciones, haya o no pruebas directas. En el debate parlamentario del jueves, tanto Feijóo como Enrique Santiago y Gabriel Rufián coincidieron en acusar a Marruecos de haber organizado el asalto a la frontera de Ceuta. Rufián llegó a decir que la intención marroquí era “cargarse al Gobierno”. Sospechar es libre, pero en el caso de acusaciones graves no es exagerado pedir a los políticos que se basen en pruebas o indicios sólidos a la hora de hacer imputaciones. No ha sido la costumbre en esta legislatura, todo hay que decirlo.
Sobre el impacto político de esta crisis, es imposible negar que el Gobierno está en una situación muy vulnerable. Ha cometido varios errores en esta crisis. Creer muy pronto que lo peor había pasado. Esperar 25 días para decretar un mando único y dejar claro que el Gobierno estaba centrado en buscar una solución. No ofrecer una versión única sobre lo que contaban los informes del CNI. Defender a Marruecos más allá del límite de lo razonable.
No va a recibir ninguna ayuda, ni de la oposición ni de sus aliados. Este sábado, se comprobó con la decisión de la Autoridad Portuaria de Ceuta de negarse a situar a un millar de inmigrantes en sus instalaciones que cuentan con 16.000 metros cuadrados. Al final, El Gobierno asumió el control del puerto. Servirá para alojar en carpas a las personas que ocupan la playa del Trampolín o que siguen viviendo en la calle.
El Gobierno necesita tiempo para terminar de resolver esta crisis y cada día que pasa supone una carga casi insoportable. A largo plazo, el mayor peligro es el efecto que tendrán todos estos sucesos en la convivencia en Ceuta. Esa convivencia entre personas de ideas, origen y religión diferentes es la que garantiza que Ceuta seguirá siendo española, no el número de policías y guardias civiles. Eso es lo que debería preocupar a todo el mundo.