Imagine la escena. Algo le duele, aparece un síntoma que no reconoce o recibe un resultado médico que no comprende. Antes de conseguir una cita ya consultó Google, vio videos en TikTok, preguntó en WhatsApp y conversó con una inteligencia artificial. En menos de media hora obtuvo más información de la que nuestros padres habrían conseguido en una semana. Paradójicamente, quizá termine más confundido que cuando comenzó.

El Edelman Trust Barometer 2026: Confianza y Salud encontró que apenas 58% de los mexicanos se siente seguro de poder encontrar respuestas y tomar decisiones informadas sobre su salud, 13 puntos menos que en 2025. Mientras las fuentes se multiplican, nuestra sensación de certeza disminuye.

Al respecto, Mariana Sanz, CEO de Edelman América Latina y gerente general de Edelman México, me explicó en entrevista que el estudio no atribuye esta caída a una sola causa. Sí deja una advertencia: ya no basta con colocar más información frente a las personas; el desafío consiste en ayudarlas a interpretarla y convertirla en algo claro, relevante y útil.

Aquí comienza la paradoja mexicana. Contra la idea de que ya nadie cree en los expertos, el médico conserva un enorme capital de confianza: 83% de los encuestados confía en él y científicos y especialistas alcanzan 80%. Sin embargo, la bata blanca comparte ahora la sala de espera con familiares, amigos, creadores de contenido y algoritmos.

También aparece una sorpresa. Tener más estudios tampoco parece vacunarnos contra la confusión: 78% de los mexicanos considera verdadera al menos una de seis afirmaciones sobre salud que dividen opiniones. El fenómeno atraviesa niveles educativos y confirma algo incómodo: estar más informado no significa necesariamente estar mejor orientado.

Quizá llevamos años haciendo la pregunta equivocada. El problema dejó de ser sólo cómo llevar información a las personas; ahora necesitamos preguntarnos cómo ayudarlas a distinguir, jerarquizar y comprender lo que reciben.

Doctor, ya le pregunté a la IA

En ese nuevo mapa aparece un participante que hace pocos años habría parecido invitado de ciencia ficción. Según el estudio, 65% de los mexicanos considera que una persona sin formación médica, pero competente en el uso de inteligencia artificial, podría realizar al menos una tarea tan bien o mejor que un profesional de la salud. Eso no significa que la IA pueda sustituir al médico; revela que una parte considerable de la población ya le atribuye capacidades relacionadas con la salud.

Entre quienes utilizan IA para gestionar aspectos de su salud aparece una señal todavía más reveladora: 41% considera que puede describir mejor una experiencia sin sentirse juzgado, frente a 21% cuando interactúa con profesionales sanitarios. Asimismo, 39% percibe a la IA como más fácil de entender, contra 23% que dice lo mismo de los profesionales.

La máquina, por supuesto, no tiene empatía; puede simular una conversación empática, que es distinto. Pero si alguien siente que un algoritmo lo escucha mejor que quien tiene enfrente en el consultorio, sería un error reducir la discusión a las capacidades tecnológicas. También habría que preguntarnos qué ocurre con la experiencia humana de la atención.

Durante décadas, la comunicación sanitaria descansó sobre un principio sencillo: el especialista sabe y el paciente escucha. Internet comenzó a fracturar ese modelo, las redes sociales lo transformaron y la inteligencia artificial puede llevarlo hacia otra etapa. Saber seguirá siendo indispensable, pero quizá ya no sea suficiente para generar confianza.

De autoridad a guía

Quizá el viejo “yo soy el médico” ya no alcance. Cuando las personas tienen dudas, señala el estudio, valoran que el profesional comprenda primero su situación y escuche sus preocupaciones. Sanz lo resume como una evolución: además de saber, médicos y especialistas necesitan convertirse también en guías.

Algo parecido debería ocurrir con hospitales, farmacéuticas, autoridades y medios. Durante años creímos que combatir la desinformación consistía en producir más información correcta. Hoy una verdad perdida entre miles de mensajes compite en condiciones muy distintas.

Para quienes hacemos periodismo de salud, la advertencia resulta incómoda. Publicar un dato verdadero ya no garantiza que el lector lo comprenda, contextualice o confíe en él. Nuestro trabajo comienza verificando y termina cuando conseguimos explicar por qué ese dato importa en la vida cotidiana.

Tal vez ésa sea la paradoja de nuestro tiempo: llevamos una biblioteca médica en el bolsillo y podemos consultar una inteligencia artificial a las tres de la mañana. Nunca tuvimos tantas posibilidades de preguntar, pero lo que comienza a escasear no son las respuestas, sino algo bastante más difícil de encontrar: saber en cuáles confiar.

Sala de Urgencias
  • Todavía quedan facturas pendientes en el botiquín público. El gobierno mexicano mantiene adeudos con la industria farmacéutica por entre 12 mil y 13 mil millones de pesos, principalmente correspondientes a las compras de medicamentos de 2025 y 2026, de acuerdo con Rafael Gual, director general de la Canifarma. Desde la industria existe confianza en que los pagos puedan regularizarse en el corto plazo. El asunto no es menor cuando el país vuelve a preparar sus siguientes procesos de adquisición: garantizar medicamentos requiere buenas compras, buenos proveedores y, también, pagar lo que se compra.

*Jorge Arturo Castillo es periodista y editor con más de 30 años de trayectoria. Actualmente es director editorial de Mundo Farma, Salud Adulto Mayor y Editorial Comunicación CM, columnista en diversos medios y profesor de periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Se ha especializado en periodismo de salud, industria farmacéutica, negocios, tecnología y comunicación estratégica.