¿Y si el mensaje de Claudia Sheinbaum no iba dirigido al gobernador Rubén Rocha Moya, sino al propio Andrés Manuel López Obrador?

Una lectura más profunda del mensaje que la Presidenta posteó en su cuenta de X, el día 22, justo después de la reincorporación de Rocha a la gubernatura de Sinaloa, permite, por lo menos, la presunción de que el destinatario era otro.

Anterior al mensaje presidencial, ya se había manifestado la Secretaría de Gobernación y el comité nacional de Morena, ambos señalando que la decisión de Rocha de regresar al Palacio de Gobierno había sido “personal’’, es decir, que ni el gobierno ni su partido la respaldaban.

Posteriormente, se sumaron los gobernadores en el mismo sentido; los mismos que semanas antes habían publicado desplegados en defensa del defenestrado gobernador.

Y pasaron del “todos somos Rocha’’, al “estamos con la Presidenta’’.

Para un gobernador, el que fuere, bastaba la solo aclaración de la Secretaría de Gobernación para entender que su acción no contaba con el apoyo del Ejecutivo, sino lo contrario.

Solo habría bastado el comunicado de Gobernación, que fue reforzado por la dirigencia de Morena.

¿Por qué entonces la Presidenta salió a fijar un posicionamiento cuyo destinatario tiene más responsabilidad que el gobernador en cuestión?

El mensaje de Sheinbaum no admite ambigüedades:   

“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación.

“Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder.

Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia’’.

Aquí viene la parte más enérgica del mensaje, imposible que el destinatario pudiera ser Rocha, por muy comprometida que esté su posición:

México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la Nación es eterna.

“El Pueblo no está para alimentar ambiciones personales: está para exigir que se defienda su dignidad, su futuro y su esperanza’’.

El colofón no tiene desperdicio:

“Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación’’.

Más claro, imposible: por encima de cualquier nombre.

Lo demás ya no requiere explicación.

Sheinbaum podría aprovechar esta crisis para sacudirse a los lopezobradoristas que siguen despachando en el gabinete y que se creen herederos “legítimos’’ del legado del prócer de Macuspana.

No, no se trata de desencuentros, como dijo Ricardo Monreal, sino de la disputa real, abierta y nada leal, por el poder.

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Parece que la suerte de Rocha está echada, pero eso se podría confirmar hoy con la decisión sobre el nombre del gobernador interino.

En su primera licencia, el gobierno de Sheinbaum le dejó imponer a una persona de su mismo grupo (un error que lamentan los sinaloenses), Yeraldine Bonilla, un títere de Rocha, sin mayor trascendencia.

Pero, dados los hechos recientes y la petición de organismos empresariales y ciudadanos de imponer a alguien que sí resuelva, los ojos se volvieron a posar en el exsecretario de Agricultura y Desarrollo Social, Julio Berdegué Sacristán.

El mazatleco estuvo 19 meses al frente de la dependencia, de la cual salió, el 1 de mayo de este año, cuando el conflicto entre los productores agrícolas se agravó.

Peeero, Berdegué no tiene nexos con ningún grupo político (y menos delincuencial) en la entidad, por lo que muchos lo consideran la solución.

Si llega Berdegué, Rocha está acabado.

 

    @adriantrejo