Dos responsables en uno de los grandes hospitales públicos madrileños, el Ramón y Cajal, ordenaron rebajar la gravedad de los pacientes en espera de una cirugía para mejorar artificialmente la situación de sus listas de espera, según documentos internos a los que ha accedido EL PAÍS. Los cambios se hicieron en el sistema informático, sin valorar en persona a esos pacientes y a espaldas de los cirujanos de traumatología que habían determinado la gravedad de esos casos, de acuerdo con cuatro médicos afectados. El motivo era cumplir con los objetivos de productividad que exige la Consejería de Sanidad autonómica, según se deduce de la explicación que dio por correo uno de esos responsables a una doctora indignada. El hospital niega haber cometido alguna irregularidad.
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