La noche en Ceuta tiene varias caras y todas son tristes. Es difícil encontrar algo parecido al ambiente de una ciudad costera a finales de agosto. A un lado de la ciudad, en el centro, hay bares vacíos, gente que apura el paso, porteros de discoteca que pasan aburridos las horas y camareros que aguardan mano sobre mano a que llegue la hora de cerrar. En el centro de una ciudad que vive en la calle —y que repite una y otra vez que este año se quedó sin Feria, con el dolor de quien le han extirpado la alegría— el silencio y las miradas desconfiadas marcan el ambiente.
Seguir leyendo