Bajo los neones de una oficina sin ventanas o en el interior de un vagón de metro, hasta el bronceado playero más sano se transforma rápidamente en una especie de ictericia macilenta, pero hay circunstancias que pueden acelerar increíblemente la corrupción de la melanina vacacional. Sentarse en el transporte público en pleno agosto y leer una publicidad que dice “Mudarse moooooola” es una de ellas. Así es como ha decidido promocionarse una empresa de alquiler de trasteros en una ciudad donde los ancianos son desahuciados por fondos buitre para crear viviendas turísticas y en la que ya se subarriendan habitaciones en edificios de protección oficial franquista a 600 euros.
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